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Departamento de Ciencia y Cultura Sostenible
Programa de Comunicación y Reflexión Pública Sobre la Ciencia, Cultura Sostenible.
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Muestras y clases abiertas de fin de año
Viernes 2 de diciembre a las 19 hs
Espacio sostenible
Entrada gratuita.

Como todos los años, tenemos el gusto de invitarlos a presenciar lo trabajado en nuestros cursos y talleres. Familiares y amigos son bienvenidos a compartir con nuestros alumnos sus vivencias y aprendizajes.
Queremos seguir creciendo y ampliar nuestra Comunidad Rojas.
Felicidades para todos.
Los esperamos con más propuestas el próximo año.

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Inauguración de la muestra de Bio-arquitectura.

Capacitadoras: Natacha Hugón y Liliana Álvarez.



Charla – debate
La comunicación pública de la ciencia en el tecnocapitalismo contemporáneo”
a cargo de Eduardo Wolovelsky
Miércoles 7 de septiembre de 16 a 18 horas
Aula 211 – Facultad de Facultad de Ciencias Sociales de la UBA
Santiago del Estero 1029

La charla se realiza en el marco del Programa de la Cátedra PCPC Gutierrez de la Carrera de Ciencias de la Comunicación en el Marco del XVII Congreso de Redcom 2016.

Eduardo Wolovelsky es Biólogo. Su libro “El siglo Maravilloso“, fue publicado por Libros del Rojas. Es coordinador del Programa de Comunicación y Reflexión Pública sobre la Ciencia del Centro Cultural Ricardo Rojas, Universidad de Buenos Aires y director de la Revista Nautilus. Coordinan: Gabriela D’Odorico, Ángel Sábato y Nicolás Varela.

Primer encuentro
Seminario Narrar la ciencia. Experiencias de escritura
Martes 23 de agosto de 18 a 21 hs
ISFD Nº 51
Rivadavia 602. Pilar

Si la ciencia es el saber objetivo y quien lo enuncia es un metasujeto trascendente, no los hombres sumergidos en las contingencias de la historia, entonces la gran dificultad en el campo del conocimiento público de la ciencia será como traducir de manera efectiva ese conocimiento. Son muchos los libros, los manuales, las prácticas, incluso las propuestas televisivas y multimediales que comparten y aceptan esta concepción. No obstante, una mirada profunda sobre el pasado reciente nos indica que algo significativo parece estar errado en este proyecto porque conlleva el enmudecimiento y la derrota del pensamiento y como dijera Günther Anders transforma a la tecnociencia en sujeto de la historia y cosifica el acto humano. ¿Puede el conocimiento científico ser parte de la narrativa cultural para constituirse en una perspectiva necesaria para el pensamiento del mundo contemporáneo o debe reducirse a una serie de ejercicios instrumentales o a un producto de venta tal como se concibe en algunos modelos dominantes de la divulgación científica? 

Debate Pre-ENEA (Encuentro Nacional de Estudiantes de Astronomía)
Perspectivas sobre la divulgación científica en la Argentina.
El estado de la cuestión

Miércoles 10 de agosto a las 17.30 hs
Facultad de Ciencia s Astronómicas y Geofísicas UNLP

Coordinación: Eduardo Wolovelsky es un acto de los hombres donde se disputan ideales sociales, políticos y éticos.


Taller: El surgimiento de la Tierra plana

Perspectivas para una teoría sobre la divulgación científica
Sábado 21 de noviembre a las 18.30 hs
Club de Astronomía Félix Aguilar (CAIFA)
Avellaneda 1541-Vicente López

¿No oímos todos la leyenda de Colón en Salamanca intentando convencer a los clérigos eruditos que alcanzaría las Indias y no caería al borde último? Pregunta retórica con relación a una enseñanza común a muchas escuelas del mundo y que Stephen Jay Gould  formulara para cuestionar la legitimidad de la idea según la cual el pensamiento medieval  estuvo cautivado por la representación de una tierra plana. De hecho, la perspectiva de un mundo llano como imagen dominante en el Medioevo fue una cristalización del siglo XIX constituida a partir, entre otras, de la obra Historia del conflicto entre ciencia y religión. El efecto producido por este libro de John William Draper nos advierte sobre la relevancia de la divulgación científica como forma de legitimar conocimientos y saberes y nos obliga a un ejercicio de análisis teórico para decidir si esta forma de conocimiento es un modo de acción política, un espectáculo, una forma de publicidad o un acto de salvación.

Encuentro Nacional de Estudiantes de Astronomía
Conferencia: Los riesgos de la tecnocracia, la publicidad y el espectáculo, por Eduardo Wolovelsky
8 de octubre a las 14.30 hs
Famaf / UNC

“¿Cómo puede funcionar el Estado democrático si los ciudadanos dependen del conocimiento experto disponible sólo para una pequeña élite, una élite que en su formación y en sus intereses económicos directos representa sólo a un sector muy estrecho de la sociedad?” Las abundantes producciones de las últimas décadas en el campo de la divulgación científica parecen, en su mayoría, responder en un sentido afirmativo el interrogante que formulara el biólogo evolucionista Richard Lewontin.  Sin embargo, las bases epistemológicas y comunicativas de esos mismos actos responden en contrario porque defienden una perspectiva de carácter tecnocrático y cientificista a través de su capacidad para el espectáculo, el discurso mítico y el relato salvífico. Por lo tanto, la pregunta de Lewontin debe ser reconsiderada y para ello se propone reflexionar sobre aquello que llamaremos Conocimiento público sobre la ciencia, que no sería la transmisión vertical de un saber desde los expertos a los legos, ni un tipo de espectáculo, ni un entretenimiento, ni un mito, ni un signo de salvación. Sería una forma de acción política para la intervención sobre los significados de la ciencia a sabiendas de que es uno de los más destacados hilos del entretejido de acciones, pensamientos, recuerdos y luchas que forman parte del tiempo y el espacio en el que nos ha tocado vivir.
Presentación del libro El siglo maravilloso
Conferencia: Los riesgos de la teleología.
La paleontología y la geología como ciencias históricas, por Eduardo Wolovelsky
9 de octubre a las 14:30 hs
CICTERRA /UNC
La enunciación de la teoría darwiniana de la evolución, en tanto hecho cuestionador de las explicaciones de carácter finalista como modo de entender el origen de la diversidad de las formas vivas, cristalizó una de las más significativas revoluciones culturales del último siglo y medio. Unido al “descubrimiento” del tiempo profundo y a la imagen de un planeta cambiante originada en la teoría de la deriva continental, el darwinismo ha obligado al planteo de un problemático interrogante: ¿por qué hemos de admirar una razón que nos ha empujado al drama de saber que en nuestro ser está inscripta la “marca de un ínfimo origen”; que nos ha llevado a comprender lo insignificante, en relación con la antigüedad de la vida, de nuestra presencia en la Tierra y a tener la certeza  ̶ tiempo más, tiempo menos ̶  de nuestra extinción? Ignorada de manera explícita tanto en la enseñanza formal como en las acciones de divulgación, esta pregunta manifiesta su presencia y su incomodidad en las abundantes descripciones sobre la evolución de la vida en la Tierra en las que se asume una riesgosa teleología, se supone una historia geológica y biológica tal que el origen del hombre, la biodiversidad y las condiciones ambientales actuales del planeta serían hechos inevitables. Queda definido así un ilegítimo tránsito de cuestionables significados sociales que, además, no se corresponde con los compromisos epistemológicos del pensamiento científico sino con determinadas perspectivas propias del mito y de la religión.

Es evidente que el conocimiento científico le ha quitado al hombre moderno los barandales que parecían asegurarle un sentido de trascendencia para su existencia. Puede que esta pérdida sea dolorosa, pero puede que sea una posibilidad liberadora contra la imposición de un sentido dado a condición de aceptar que no es posible poseer a la vez la libertad y la certidumbre por el devenir.


Seminario: Un conflicto permanente.

Sobre el darwinismo, la educación, el fundamento de la ley y la libertad de culto
15 de octubre a las 19.30 hs
ISFD 51 (Rivadavia 602 - Pilar)

En los últimos dos siglos la compleja relación entre la racionalidad científica y el dogma religioso se fue desplazando desde el campo de la física al de la biología. La vida, como fenómeno natural, obligó a las ciencias naturales a enfrentarse con el serio problema de las explicaciones de carácter finalista. En los seres vivos se percibe algo milagroso que no parece reductible a las leyes físicas que rigen el mundo natural. Esta es la ciudadela más preciada que, para muchos hombres de fe, debe ser protegida de los embates de la razón. Los discursos en torno al origen de los seres vivos, incluyendo aquellos que hacen referencia al origen del hombre, son uno de los arietes de mayor potencia en el juego del poder. El hombre es lo que cree ser, sus decisiones y sus aspiraciones están íntimamente ligadas a su identidad, la cual, sin duda,  se ha visto profundamente afectada por las concepciones evolucionistas. A más de un siglo y medio de la primera edición de  El origen de las especies, la obra magna de Charles  Darwin, el darwinismo plantea una perspectiva conflictiva a cualquier lectura que formule un sentido trascendente sobre el devenir humano.

Seminario Permanente Sobre Enseñanza de la Ciencia:
Tercera jornada: Jueves 24 de septiembre a las 8.30 hs.
Escuela Nacional de Adrogué. Esteban Adrogué y Av. Espora/Adrogué
Partido de Almirante Brown


Bancos genéticos

Una reflexión desde el film Las marismas (Mýrin) de Baltasar Komákur (2006)

El ADN establece identidades y define historias. No se trata de cuestionar la validez de esta afirmación solo por el incomodo determinismo al que nos somete. Se trata de decidir sobre su significado, sobre los riesgos de haber constituido al ADN en un icono totémico como fuerza promotora de los más nobles ideales o de los actos más crueles e injustos. Una historia personal y oscura, plagada de secretos en el frío paisaje de Islandia propone un examen sobre el determinismo genético y sobre la legitimidad de constituir bancos de ADN que abarquen de forma indiscriminada a toda una población.

Ciclo “Arqueología en el presente.
Encuentros par el debate”

Taller: “Conocimiento público sobre la ciencia  ¿Por qué?”
Jueves 24 de septiembre a las 19 a 21 hs.
Facultad de Filosofía y Letras – Púan 480 CABA – Sala del Consejo Directivo (2° piso)


En la última década, las actividades dirigidas a la comunicación de la ciencia fuera del ámbito académico han adquirido mayor visibilidad y reconocimiento. En este marco se despliegan diferentes acciones rotuladas en términos de “divulgación” y “transferencia”. Nos proponemos desarrollar un debate en torno a los disímiles posicionamientos que motivan estas acciones a partir de la pregunta sobre las implicancias políticas de las mismas y las formas de participación de las Ciencias Sociales y Humanas.

Panelistas

Eduardo Wolovesky. Programa de Comunicación y Reflexión Pública sobre la ciencia en el  Centro Cultural Ricardo Rojas, UBA.

Marian Moya. Dra. en Sociología y Lic. en Ciencias Antropológicas (área sociocultural). Consultora Cultural.

Mónica Tacca. Lic. en Ciencias Antropológicas (área Sociocultural). Coordinadora del espacio multidisciplinario “Arqueología, Antropología y Etnografía” en Tecnópolis.

Fernando Cabrera. Lic. en Ciencias Antropológicas (área Arqueología). Asesor del espacio multidisciplinario “Arqueología, Antropología y Etnografía” en Tecnópolis.

2das Jornadas de enseñanza,
capacitación e investigación en Cs. Naturales y Matemática
Conferencia de Clausura

Conocimiento público sobre la ciencia
Los riesgos de la tecnocracia, la publicidad y el espectáculo

Eduardo Wolovelsky
25 de setiembre a las 18 hs.
ISFD y T n°24-Cramer entre Saen Peña y Espora/Bernal, Quilmes. Pcia de Bs As.


 “¿Cómo puede funcionar el Estado democrático si los ciudadanos dependen del conocimiento experto disponible sólo para una pequeña élite, una élite que en su formación y en sus intereses económicos directos representa sólo a un sector muy estrecho de la sociedad?” Las abundantes producciones de las últimas décadas en el campo de la divulgación científica parecen, en su mayoría, resolver en un sentido afirmativo el interrogante que formulara el biólogo evolucionista Richard Lewontin.  Sin embargo, la base epistemológica y comunicativa de esos mismos actos responden en contrario porque defienden una perspectiva de carácter tecnocrático y cientificista que es difícil de elucidar  porque la eventual masividad de esas producciones parecen mostrar, a través de su capacidad para el espectáculo y el discurso salvífico, una perspectiva democratizadora. Por lo tanto, la pregunta de Lewontin debe ser reconsiderada y para ello se propone reflexionar sobre aquello que llamaremos Conocimiento público sobre la ciencia, que no sería la transmisión vertical de un saber desde los expertos a los legos, ni un tipo de espectáculo, ni un entretenimiento ni un signo de salvación. Sería una forma de acción política para la intervención sobre los significados de la ciencia a sabiendas de que es uno de los más destacados hilos del entretejido de acciones, pensamientos, recuerdos y luchas que forman parte del tiempo y el espacio en el que nos ha tocado vivir.

6tas jornadas de jóvenes investigadores y jóvenes extensionistas
Conferencia: Conocimiento público sobre la ciencia, por Eduardo Wolovelsky
Viernes 31 de agosto a las 17 hs
Facultad de Cs. Exactas. Universidad de La Plata


“¿Cómo puede funcionar el Estado democrático si los ciudadanos dependen del conocimiento experto disponible sólo para una pequeña élite, una élite que en su formación y en sus intereses económicos directos representa sólo a un sector muy estrecho de la sociedad?” Las abundantes producciones de las últimas décadas en el campo de la divulgación científica parecen, en su mayoría, resolver en un sentido afirmativo el interrogante que formulara el biólogo evolucionista Richard Lewontin.  Sin embargo, la base epistemológica y comunicativa de esos mismos actos responden en contrario porque defienden una perspectiva de carácter tecnocrático y cientificista que es difícil de elucidar  porque la eventual masividad de esas producciones parecen mostrar, a través de su capacidad para el espectáculo y el discurso salvífico, una perspectiva democratizadora. De hecho esos actos de “divulgación”  no liberan a la ciencia de su enclaustramiento porque reniegan bajo el argumento de la dificultad conceptual o la complejidad teórica la reflexión sobre su destino político.  Por lo tanto, la pregunta de Lewontin debe ser reconsiderada y para ello se propone reflexionar sobre aquello que llamaremos Conocimiento público sobre la ciencia, que no sería la transmisión vertical de un saber desde los expertos a los legos, ni un tipo de espectáculo, ni un entretenimiento ni un signo de salvación. Sería una forma de acción política para la intervención sobre los significados sociales, culturales y económicos de la ciencia a sabiendas de que es uno de los más destacados hilos del entretejido de acciones, pensamientos, recuerdos y luchas que forman parte del tiempo y el espacio en el que nos ha tocado vivir.

Conferencia: Los riesgos de la tecnocracia, la publicidad y el espectáculo,
a cargo de Eduardo Wolovelsky

Miércoles 26 de agosto 18 hs
ISFD Nº 45. Fasola 950. Haedo. Pcia de Buenos Aires


El siglo XX ha concluido. La Ilustración también. La ilusión de un mundo progresivamente más justo creado sobre los cimientos del conocimiento científico-tecnológico estalló en Auschwitz e Hiroshima. La perspectiva cientificista y tecnocrática, que imaginó  a la ciencia como una condición necesaria y suficiente para tratar los asuntos humanos, no puede ser hoy más que un acto dogmático. Sin embargo, esto no significa que la búsqueda de un saber que nos permita entender y consensuar, más allá de la subjetividad,  aspectos relevantes del universo natural y social, sea una actividad secundaria. La ciencia forma parte del corazón de nuestra cultura y, aunque su poder puede desplegarse para preservar intereses dominantes de clase o de género, también puede hacerlo para aliviar el sufrimiento humano y promover una perspectiva liberadora para los hombres, mujeres y niños. Son pocas las certezas de este tiempo histórico pero una, que se constituye en la columna vertebral de la conferencia que se propone, se refiere al convencimiento de que nos será imposible construir una sociedad más igualitaria y un futuro más prometedor de espaldas al conocimiento y a los compromisos racionales de la ciencia.

La ciencia como una fuerza que, en sinergia con otras acciones humanas, es capaz de modelar aspectos importantes de nuestra forma de ver y nuestra manera de actuar en el  mundo, obliga a un debate que no puede quedar encerrado dentro de los muros virtuales definidos por la academia. El biólogo francés Henri Atlan lo planteó en su obra Cuestiones Vitales “tiempo atrás la divulgación se consideraba una especie de lujo, una cultura suplementaria. Actualmente se trata de un problema político significativo”. Esta última consideración se despliega en todo su valor bajo el interrogante que formulara el biólogo evolucionista Richard Lewontin: “¿cómo puede funcionar el Estado democrático si los ciudadanos dependen del conocimiento experto disponible sólo para una pequeña élite, una élite que en su formación y en sus intereses económicos directos representa sólo a un sector muy estrecho de la sociedad?”

Actualmente, la pregunta que formulara Lewontin se pretende resuelta bajo acciones y formas que aparentan la virtud de la facilidad explicativa y de la apropiación masiva. Sin embargo, y de manera paradójica, esas acciones y esas formas imposibilitan el conocimiento al subsumirlo en un espectáculo y en formas de publicidad promotores de la ignorancia y que, además, conllevan el fomento de prejuicios de clase y de género e incluso la legitimación del maltrato. ¿Es posible una forma de divulgación que lejos de constituirse en una acto de dominio, tal como ocurre en el presente, se integre como una fuerza que restituya una perspectiva democratizadora sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Seminario Permanente Sobre Enseñanza de la Ciencia:
La militarización del conocimiento

Segunda jornada: Viernes 21 de agosto/8:30 hs.

Escuela Nacional de Adrogué. Esteban Adrogué y Av. Espora/Adrogué
Partido de Almirante Brown

El vuelo de Yuri Gagarin
Fue el primer hombre en orbitar alrededor de la Tierra. En su vuelo solitario, en la extensión del espacio, Yuri Gagarin pareció concretar un sueño de la humanidad, un logro único en el hecho de vencer la intangible fron-tera que impone la gravedad. Sin embargo, por seductora que esta perspectiva pueda ser, desconoce la va-riedad de visiones que cautivan la imaginación de los hombres y las mujeres en las distintas culturas y olvida la compleja relación entre la motivación para el desarrollo de proyectos espaciales en la década de 1960 y la Gue-rra Fría.  El vuelo de la nave Vostok I, más que una aspiración lograda para la humanidad, fue un particular éxito militar de la Unión Soviética. Hoy, tras la caída del Muro de Berlín, el vuelo de Yuri Gagarin regresa a través de la particular perspectiva propagandística del film ruso Gagarin, el primero en el espacio que intenta consolidar una
ilusión nacionalista abonándola en el confuso terreno donde se aúnan el conocimiento científico y el desarrollo militar. 

Seminario permanente sobre enseñanza de la ciencia:
La militarización del conocimiento

Primera jornada: Viernes 26 de junio a las 13hs
Escuela Polimodal Nº2, Pellegrini 497- Burzaco
Partido de Almirante Brown

A 70 años de las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki

El proyecto Manhattan. Una reflexión desde el film Día uno

El 25 de julio de 1945 el presidente Truman escribió en su diario: “Le he dicho al Secretario de Guerra, el señor Stimson, que la utilice [la bomba] de modo que los objetivos militares, los soldados y los marineros sean el objetivo y no los niños y las mujeres”.

Lo que parecen palabras piadosas revelan una estrecha mirada que se niega a reconocer la imposibilidad de cumplir con tal objetivo y la corta visión sobre los cercanos tiempos por venir, dado que parece no entender sobre los muertos, el sufrimiento y el agotamiento de valiosos recursos que la futura carrera armamentista provocará. En un reportaje concedido en 1960, Leo Szilard, quien hacia el final de la guerra fue uno de los principales científicos que se opuso al uso de la bomba, afirmó: “el presidente Truman no comprendió”.

La explosión de la bomba atómica en Hiroshima el 6 de agosto y la de Nagasaki, tres días después, erosionó la armadura con la cual Oppenheimer pudo rechazar las conclusiones del informe Franck. Tiempo después, en 1947, afirmó:

No obstante la capacidad de visión y la prudencia clarividente de los jefes de Estado durante la guerra, los físicos sentimos una responsabilidad especialmente intima por haber sugerido, apoyado y, al fin, en gran medida haber logrado la realización de armas atómicas. Tampoco podemos olvidar que dichas armas, puesto que fueron en efecto utilizadas, representaron de manera tremendamente despiadada la inhumanidad y la maldad de la guerra moderna. En un sentido un tanto rudimentario que toda la vulgaridad, el humor y la exageración no pueden llegar a borrar por completo, los físicos han conocido el pecado; y este es un conocimiento del que no pueden desprenderse.

Narrar la ciencia. Experiencias de escritura.
Seminario teórico-práctico. Primer encuentro.

Sábado 9 de mayo de 11 a 13hs

Centro Cultural Ricardo Rojas

Si la ciencia es el saber objetivo y quien lo enuncia es un metasujeto trascendente, no los hombres sumergidos en las contingencias de la historia, entonces la gran dificultad en el campo del conocimiento público de la ciencia será cómo traducir de manera efectiva ese conocimiento. Son muchos los libros, los manuales, las prácticas, incluso las propuestas televisivas y multimediales que comparten y aceptan esta concepción. No obstante, una mirada profunda sobre el pasado reciente nos indica que algo significativo parece estar errado en esta concepción porque conlleva el enmudecimiento y la derrota del pensamiento y como dijera Günther Anders, transforma a la tecnociencia en sujeto de la historia y cosifica el acto humano. ¿Puede el conocimiento científico ser parte de la narrativa cultural para constituirse en una perspectiva necesaria para el pensamiento del mundo contemporáneo o debe reducirse a una serie de ejercicios instrumentales o a un producto de venta tal como se concibe en algunos modelos dominantes de la divulgación científica?

A 70 años de la explosión de las primeras bombas atómicas
Conferencia: El proyecto Manhattan y la construcción de las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki
Miércoles 20 de mayo, de 18 a 20hs, aula 15, PB

Conferencista invitado: Eduardo Wolovelsky


La actividad se realiza en el marco del SEMINARIO DE DIDÁCTICA DE LAS CIENCIAS NATURALES
Materia de Posgrado y Ciclo de Conferencias Abiertas
Ciudad Universitaria, Pabellón 2, Aula 15 de Planta Baja.
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales

El 25 de julio de 1945 el presidente Truman escribió en su diario: “Le he dicho al Secretario de Guerra, el señor Stimson, que la utilice [la bomba] de modo que los objetivos militares, los soldados y los marineros sean el objetivo y no los niños y las mujeres”.

Lo que parecen palabras piadosas revelan una estrecha mirada que se niega a reconocer la imposibilidad de cumplir con tal objetivo y la corta visión sobre los cercanos tiempos por venir, dado que parece no entender sobre los muertos, el sufrimiento y el agotamiento de valiosos recursos que la futura carrera armamentista provocará. En un reportaje concedido en 1960, Leo Szilard, quien hacia el final de la guerra fue uno de los principales científicos que se opuso al uso de la bomba, afirmó: “el presidente Truman no comprendió”.

La explosión de la bomba atómica en Hiroshima el 6 de agosto y la de Nagasaki, tres días después, erosionó la armadura con la cual Oppenheimer pudo rechazar las conclusiones del informe Franck. Tiempo después, en 1947, afirmó:

“No obstante la capacidad de visión y la prudencia clarividente de los jefes de Estado durante la guerra, los físicos sentimos una responsabilidad especialmente intima por haber sugerido, apoyado y, al fin, en gran medida haber logrado la realización de armas atómicas. Tampoco podemos olvidar que dichas armas, puesto que fueron en efecto utilizadas, representaron de manera tremendamente despiadada la inhumanidad y la maldad de la guerra moderna. En un sentido un tanto rudimentario que toda la vulgaridad, el humor y la exageración no pueden llegar a borrar por completo, los físicos han conocido el pecado; y este es un conocimiento del que no pueden desprenderse.”

Seminario: Conocimiento público sobre la ciencia. Los riesgos de la tecnocracia, la publicidad y el espectáculo, a cargo de Eduardo Wolovelsky
Viernes 22 de mayo a las 10 hs

Centro Atómico Constituyentes-CNEA
Av General Paz y Constituyentes


El siglo XX ha concluido. La Ilustración también. La ilusión de un mundo progresivamente más justo creado sobre los cimientos del conocimiento científico-tecnológico estalló en Auschwitz e Hiroshima. La perspectiva cientificista y tecnocrática, que imaginó a la ciencia como una condición necesaria y suficiente para tratar los asuntos humanos, no puede ser hoy más que un acto dogmático. Sin embargo, esto no significa que la búsqueda de un saber que nos permita entender y consensuar, más allá de la subjetividad, aspectos relevantes del universo natural y social, sea una actividad secundaria.

La ciencia forma parte del corazón de nuestra cultura y, aunque su poder puede desplegarse para preservar intereses dominantes de clase o de género, también puede hacerlo para aliviar el sufrimiento humano y promover una perspectiva liberadora para los hombres, mujeres y niños. Son pocas las certezas de este tiempo histórico pero una, que se constituye en la columna vertebral de la conferencia que se propone, se refiere al convencimiento de que nos será imposible construir una sociedad más igualitaria y un futuro más prometedor de espaldas al conocimiento y a los compromisos racionales de la ciencia. La ciencia como una fuerza que, en sinergia con otras acciones humanas, es capaz de modelar aspectos importantes de nuestra forma de ver y nuestra manera de actuar en el mundo, obliga a un debate que no puede quedar encerrado dentro de los muros virtuales definidos por la academia. El biólogo francés Henri Atlan lo planteó en su obraCuestiones Vitales “tiempo atrás la divulgación se consideraba una especie de lujo, una cultura suplementaria. Actualmente se trata de un problema político significativo”.

Pero el acceso al conocimiento científico por parte de la población parece ser una tarea de extrema dificultad donde, además, suelen dominar el espectáculo, la publicidad, el prejuicio e incluso la promoción de la ignorancia. ¿Es posible una forma de divulgación sobre la ciencia que se corresponda con los enormes desafíos que el desarrollo de esa misma ciencia plantea?

Seminario: Ciencia en contexto
Miércoles 28 de mayo de 18 a 20hs

Departamento de Ciencias del colegio ILSE
Libertad 555

A fuerza de insistir ciertas concepciones de la ciencia se han cristalizado y se imaginan, en los medios educativos de todos los niveles, como una fotografía de una realidad dada. Se supone de esta forma que la ciencia está caracterizada por una metodología más o menos estandarizada. Se supone, además, que toda resolución de una determinada cuestión en el campo de la ciencia está caracterizada por la formulación, de marea rigurosa, de una hipótesis a la que seguiría una experiencia original, pero hecha con precisión, lo que, a su vez, posibilitaría entre la validez o falsedad de la o las hipótesis previamente enunciadas. Sin duda esta concepción es un mito. ¿Cómo es posible entender y actuar sobre los significados de la actividad científica, una de las grandes fuerzas socioculturales del mundo moderno, cuando se tiene una imagen, reforzada año tras año, tan simple e incluso errada? La comprensión de la actividad científica contemporánea requiere de un análisis histórico-contextual que permita decidir sobre sus significados políticos.


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