El Rojas en los medios
 
 
   
 
  El Rojas en los medios/Danza
 
  :: La Nación

12/07/07
Sección Espectáculos
James Bond en el Rojas
Un desparejo ciclo de danza
Se destacan las dos coreografías de José Inzunza Leal y de Exequiel Barreras
Por Alejandro Cruz

En el Centro Cultural Ricardo Rojas se acaba de estrenar el ciclo (2)007 Superagentes, que va los jueves y domingos. Se trata de una idea de Alejandro Cervera, curador del lugar, en la que cuatro coreógrafos desarrollaron trabajos a partir del mundo de James Bond. Y como la cosa se presenta en dos programas distintos, la primera noche hubo para tomar unos martini (seco, obvio) para atenuar la espera.

Entre los dos programas es llamativa la diferencia conceptual y de nivel de realización. Los dos primeros trabajos están a cargo de Mariana Bellotto y María José Goldín, dos coreógrafas de la generación de los cuarenta. En sus respectivos montajes ellas optan por un recorrido sobre la iconografía típica de James Bond. Una ruta con ciertos toques de humor que incluye chicas bonitas, musiquita del momento, algo de glamour y un desarrollo visual apoyado en el vestuario y en las imágenes de algunas de las 16 películas basadas en las aventuras de ese señorito inglés.

De algún modo, esos son los ingredientes básicos de Bond-age & Supra-Bond , el trabajo de Mariana Bellotto, y Operación S.P.E.C.T.R.A. , de María José Goldín y su Compañía Pata de Ganso. Claro que en estos dos montajes no hay mucho más que eso: pura epidermis desordenada sin un sólido desarrollo coreográfico, interpretativo y dramático. A lo sumo, los dos trabajos tienen momentos vistosos, pero no mucho más que eso.

Bailar y dejar bailar
La puntería se eleva considerablemente en el segundo programa, a cargo de dos veinteañeros que debutan como coreógrafos. Exequiel Barreras, en su primer trabajo como coreógrafo, presenta Rufianes . En él arma una historia a partir de tres personajes, el robo de una valija con dinero, cierta seducción que ronda por ahí y la desconfianza que nace entre ellos. Brillantemente interpretado por Diego Franco, Juan Onofri Barbato y Vanesa Turelli, Barreras propone un trabajo de una atmósfera cargada de tensión y sugerencias. De algún modo, una de las figuras más relevantes del Ballet Contemporáneo del San Martín entabla un puente entre el género policial y la danza con momentos muy virtuosos.

En Historia para dos finales , Joel Inzunza Leal tiene tres aliados de primer nivel: el video de Carolina Cappay, la música de Patricia Cáceres y las actuaciones de María Kuhmichel Apaz, Jimena Pérez Salerno, Ignacio García Lizziero y Martín Alvarez Kalbermater. Su apuesta pasa por transitar los carriles del suspenso y la intriga a partir de personajes que siempre se guardan algo bajo los impecables trajes (hasta esconden ciertos deseos inconfesables).

En los dos montajes, James Bond fue sólo una excusa para indagar aspectos más personales, de mayor intensidad dramática y de cruces de lenguaje. Y si bien sus respectivas propuestas pierden en literalidad, abiertamente ganan en intensidad poética.
 
 

:: La Nación

2/07/07
Sección Espectáculos
Suspenso y acción
Cuatro coreógrafos con licencia para bailar
El Centro Cultural Rojas presenta desde este jueves un programa de danza contemporánea inspirado en James Bond
Por Constanza Bertolini

Detectives y superagentes, escenas de acción y suspenso, mujeres despampanantes y otras decadentes, armas, maletines cargados con dinero y un martini dry servido en glamorosa copa triangular. ¿Acaso están Sean Connery y Pierce Brosnan invitados a este estreno? El caso es que el tercer programa de danza del Centro Cultural Rojas para este "2007" -según juguetea con los números su curador, Alejandro Cervera- toma como disparador el imaginario Bond y lo ofrece en favor de una nueva convergencia entre coreógrafos.

Cuatro realizadores, cuatro obras, cuatro universos de intriga diferentes. Las experimentadas Mariana Bellotto (última actualización: Slogans, presentado en el último Buenos Aires Festival de Danza Contemporánea) y María José Goldín (de ella, Verde, no naranja. Naranja, no. Se vio en 2005 y 2006), que desde que se formó el primer grupo de danza teatro de la UBA vienen compartiendo experiencias, harán su apuesta en el primer programa de este ciclo, que pone la lupa sobre las posibilidades de contar una historia de superagentes con el lenguaje de la danza. Y apenas separados de las chicas por un intervalo, también a partir del 5 de julio, las insólitas propuestas de los jovencísimos Joel Inzunza Leal y Exequiel Barreras modularán otro tono para el cierre de cada función.

A días del estreno, sólo Goldín (porque Bellotto estaba de viaje en Chile) se encuentra con los chicos -representantes de otra generación, que apenas pasan los veinte años- y entre la sesión de fotos y una charla con mucha gracia que mantuvieron para esta nota, enseguida pierde de vista los síntomas de una gripe que la tenía mal. "Cuando Cervera me mandó el mail con la propuesta tan impulsivamente, le dije que sí. Pero después pensé: «¡Estás loca, María José!» -cuenta, reproduciendo con detalle aquella situación-. Tomé conciencia de lo dificilísimo que era encarar este trabajo y empecé a buscar los elementos más relevantes de las series de detectives privados, desde el Superagente 86 y los archienemigos de Batman hasta James Bond". Así, como en flashes, algunos de los detectives secretos más famosos del cine y la TV se cuelan en la pieza Operación Spectra (Sociedad Permanente Ejecutiva de Contraespionaje, Terrorismo, Rebelión y Aniquilamiento), título interminable que Goldín y su compañía Pata de Ganso toman de una de las películas de la saga de 007.

-¿Cómo se lleva la danza con el suspenso, tanto más cinematográfico, literario o televisivo?

Goldín: -Como lo que hago es danza teatro y el desafío es la integración de los lenguajes, la obra termina siendo como un chiste, una mirada completamente satírica, algo muy mío. Es que es tan gratificante para el intérprete escuchar que la gente se ríe que cuando lo empezás a descubrir querés ir siempre por ese lado.

Además de doce bailarines, en la obra de la coreógrafa interviene el tenor George Bourdie, con un papel clave en la historia. "¿No me digas que el asesino es el mayordomo?", le pregunta Barreras, ciento por ciento cordobés en su primera intervención, recostado en el piso del escenario, mientras toma una gaseosa. "Me faltaría un poco de fernet, nomás", sugiere como corolario ideal para el cierre de un día agitado con el Ballet del Teatro de San Martín, que él integra.

A propósito, este joven de 23 años sobresalió con su performance en el programa que la compañía de Mauricio Wainrot presentó hasta hace un mes en el Alvear. Allí, supo ser un español desopilante para Playback, de Carlos Casella; un intérprete con un as de actuación en la manga del traje, para Amargo ceniza, de Carlos Trunsky, y finalmente, con igual nivel de talento y técnica, en la coreografía Movimiento perpetuo. "Soy más actor que bailarín, pero las cosas se fueron dando así y a Buenos Aires me trajo una beca para la compañía de Julio Bocca", resume su historial, al que ahora suma su primer trabajo coreográfico, Rufianes.

"Juro por Dios que recibí la propuesta y no dormí por tres días -confiesa-. Me costó decidirme; pensé qué hacer y dije: «Me tengo que mandar, porque ahora soy bailarín», y se ríe otra vez. Y como soy fanático de Timothy y Stephen Quay, dos hermanos que hacen cine con objetos, tomé de su mediometraje La calle de los cocodrilos una música que me reventaba la cabeza y armé todo desde ahí." Barreras dice que su obra -que deja de lado la figura del detective para centrarse en el género policial- apareció como un film que después empezó a fragmentar y desordenar.

El maletín o la chica

"Hay un juego de poder entre los dos personajes varones: ganar el dinero de un maletín robado o ganar a la chica que, claro, también pretende quedarse con la plata", dice el cordobés, anticipando la trama de esta película "bailada" que cuenta con una cornisa de edificio por toda escenografía, en un ambiente afrancesado.

En cambio, es sobre un callejón inglés recreado a través de una videoproyección en blanco y negro que Historia para dos finales, de Joel Inzunza Leal (24), pondrá a sus personajes psicológicamente desnudos.

"Sobre todo me enganché por la conexión con el año en que estamos, 2007, como una excusa para abordar la danza desde otra temática. Y encontré un coloquio que se hizo en enero último, en Francia, sobre la saga de James Bond", dice el bailarín chileno, de 24 años, que a sólo un año de su mudanza a Buenos Aires ya estrenó, además, Aireempaq.

Inzunza Leal se dispone a sacar al sol los trapitos de la infancia de sir James. "Me agarré de esa investigación sobre el lado psicológico, la personalidad bondiana, y un poco de las características de estas películas -sigue diciendo, para dejar a todos boquiabiertos-. Se habla de por qué nunca se mostró a los familiares de James Bond, como si en cada chica que él pudiera conquistar estuviera su madre."

Todos se ríen. María José pone cara de asombro. Exequiel se revuelca en el suelo. Y Joel sube la apuesta cuando refiere: "La elegancia, el fetichismo por la línea, el buen comer y esa preocupación medio gay del hombre inglés. Me tiré por ese lado".

Barreras: -"¡¿Vos decís que James Bond era marica?!- interrumpe, a las carcajadas.

Su compañero responde con la definición que hasta ahora todos estuvieron buscando. "La base es la sugestión. Hace mucho que estoy tratando de lograr desde el movimiento cierta narrativa, cierta dramaturgia, exclusivamente con la danza como medio. Desde ahí empecé a buscar intriga, suspenso, en lo coreográfico, en el vestuario, en la música, en cada elemento."

 
 

:: Clarín

8/03/07
Sección Espectáculos
ESTRENOS EN EL ROJAS
Un repertorio heterogéneo
Se ofrecieron dos obras, "Doce saltos" y "Permanece así". La primera mostró un humor delicado y audaz.
Por Laura Falcoff

Un programa con estrenos de dos autores diferentes marcó el inicio de la temporada de danza del Centro Cultural Rojas. Quizás fue el director que está a cargo del área, Alejandro Cervera, quien se propuso armar un repertorio bien contrastante, a diferencia de otros programas para los que se busca algún tipo de unidad: estilística, temática, o de cualquier otro tipo.

Decisión meditada o no, lo cierto es que las dos obras recién estrenadas pertenecen, sin duda, a mundos muy diferentes: Doce saltos de Silvina Grinberg, es una pieza que podríamos denominar –con cierta resistencia– como de danza-teatro, o al menos visiblemente influida por el universo estético y conceptual de Pina Bausch. Permanece así, del debutante coreógrafo Emanuel Ludueña, es una pieza de danza contemporánea hecha y derecha.

Comencemos por la obra de Grinberg. Doce saltos atraviesa, con un humor muy franco y muy fino al mismo tiempo, varias escenas interpretadas de un modo regocijante por un grupo de bailarines no profesionales, adecuadísimos cada uno en su rol; el trabajo en escena les pide, más que una afinada técnica de danza, ciertas virtudes interpretativas que Grinberg supo conducir con mucha habilidad. La coreógrafa logró, en conjunto, algo muy interesante y nada fácil por cierto: el aire de estudiantina de Doce saltos, la relativa precariedad material (en el vestuario, en los elementos que utilizan), la arbitrariedad que une o más bien divide las sucesivas escenas –porque el tema del riesgo y el salto seguramente fue sólo un punto de partida para elaborar la obra y después se sumaron otros motivos–, en fin, para resumir, el aire un poco despreocupado que recorre Doce saltos, no la debilita como propuesta escénica. La obra tiene ideas bien planteadas y bien resueltas, y no trata de disimular sus limitaciones ni tampoco hace de ellas un uso oportunista. Todo lo que la obra es y todo lo que quiere decir está en el escenario, lo que no es poco mérito.

Emanuel Ludueña trabajó en su obra con cinco estupendos intérpretes, entre ellos él mismo.

Justamente, a diferencia de Doce saltos, hay aquí bailarines muy formados que se mueven bella y afinadamente, aunque es difícil descubrir el propósito. No es necesario que una obra de danza posea un tema reconocible, bien podría ser un trabajo sólo formal.

Sin embargo, Permanece así está tan cargada de sugerencias enigmáticas que es difícil no preguntarse quiénes son esos personajes y qué les ocurre. En el curso de esta inevitable inquietud, de estas preguntas sin respuesta, la obra, como entidad coreográfica, va pasando y de alguna manera también se pierde. (viernes y sábados en el Centro Rojas, Corrientes 2038. $10)

Del mismo semillero
Silvina Grinberg (33) y Emanuel Ludueña (23) son egresados del Taller de Danza del Teatro San Martín, que suele resultar un semillero de valiosos coreógrafos. Silvina Grinberg había estrenado en la edición 2004 del Festival Buenos Aires Danza Contemporánea su atractiva obra El escondido. Emanuel Ludueña, aunque debuta como coreógrafo en este programa, había creado ya una pequeña pero interesantísima pieza para una muestra del Taller de Danza tres años atrás.

 
  :: Clarín

2/03/07
DANZA: DOBLE ESTRENO EN EL ROJAS
El riesgo y la posesión

Laura Falcoff ESPECIAL PARA CLARIN

Silvina Grinberg y Emanuel Ludueña comparten dos circunstancias: la primera es que ambos egresaron, en diferentes épocas, del Taller de Danza del Teatro San Martín; la segunda, que el programa que se estrena hoy en el Rojas está compuesto por obras de uno y otro. La obra de Grinberg, 12 saltos, se presenta como un trabajo sobre el riesgo y sobre el salto como acción física; la obra de Ludueña, Permanece así, recurre en su presentación a una cita poética sobre el amor y la posesión.

¿Tu obra, Silvina, es más física, y la de Emanuel más emocional?
Silvina: Mi obra es muy física pero como ocurre en otros trabajos que hice también hay elementos teatrales, una de las bailarinas canta; en fin, cosas que fueron apareciendo en los ensayos. 12 saltos surgió de un taller que dicté en el estudio de Cristina Barnils, que quería que sus alumnos hicieran una experiencia con un coreógrafo. No eran bailarines profesionales, recién ahora se estrenan como tales; un riesgo para ellos... y para mí.

Emanuel: Es mi primera obra y tiene, es cierto, un carácter más emocional y también visual. Alejandro Cervera (N.de la R.: director de danza del Rojas), había visto en una muestra de fin de año del Taller de Danza del San Martín —hará unos tres años— un dúo que yo había hecho para mi tesina y me impulsó a que me probara en la creación coreográfica.

Tenía una primera idea para desarrollar, pero necesitaba un impulso como para ponerme a trabajar de nuevo, armar un grupo —es un quinteto, en el que yo también bailo— y volver a ver el cine de Wong Kar Wai, que es una referencia muy importante para mí y cuya influencia estaba ya presente en el dúo.

¿Qué plan seguiste en la obra?
Las intenciones las tenía bastante claras previamente, así que me dediqué al principio a trabajar sólo sobre el lenguaje de movimiento. Cuento mucho con el aporte de los bailarines, con sus improvisaciones; quizás sea así por mi escasa experiencia coreográfica.

¿Y cómo fue tu proceso, Silvina?
En trabajos anteriores míos sabía claramente lo que quería hacer pero en este tenía sólo algunas pautas; comencé a dejar que las cosas fluyeran, sin esas exigencias que a veces uno se impone. Sé que en esta obra hay una influencia del cine clásico americano, de la estética de Escuela de sirenas, pero este y otros elementos fueron apareciendo en el proceso y confluyendo, como a veces ocurre, de una manera mágica.

 
  :: La Prensa

21/05/07
Sección Espectáculos
EN EL ROJAS DOS MAGNIFICAS OBRAS de ANDREA SERVERA Y PABLO ROTEMBERG
Danza y surrealismo cotidiano
‘Cinco canciones’. Danza. Coreografía: Andrea Servera. Vestuario: Cecilia Gadea y Florence Argüello. Video: Karin Idelson. Bailarinas: Mariela Pujol, Laura Zapata y Lucía Fernández Mouján. ‘Bajo la luna de Egipto’, danza-teatro. Coreografía: Pablo Rotemberg. Asesoramiento musical: Jape Ntaca. Vestuario: Federico Laboureau. Iluminación: Marcelo Alvarez. Bailarinas: Valeria Antón. Nidia Martínez Barbieri, Vanina García y Florencia Martínez. Centro cultural Rojas (Corrientes 2038), sábados a las 20.30.

Por Juan Carlos Fontana

El programa doble de danza que ofrece el centro Rojas reúne a dos reconocidos coreógrafos, Andrea Servera (‘Interior americano’) y Pablo Rotemberg (‘El lobo’). En una vertiente que oscila entre la performance y la danza teatro, los dos artistas exponen un clima de cotidianidad al que le imprimen el tono de un exquisito absurdo en la primera y un original entramado que hereda elementos del cine de terror y el surrealismo, en la segunda.

CINCO CANCIONES
En ‘Cinco canciones’ Andrea Servera elige por protagonistas a tres mujeres. Estas jóvenes amas de casa no parecen desesperadas, pero de a ratos juegan a las cartas, beben jugo de fruta, o doblan algunas ropas apoyadas en una tabla de planchar. En el fondo y a través de las imágenes de un video se observa una Buenos Aires vista desde sus terrazas de casas bajas, en las que se muestra el atardecer y el anochecer. Por momentos cada una de las chicas, como si respondiera a una necesidad inconsciente, pasan de hacer unos breves pasos, a entusiasmarse y armar una coreografía que responde a estados de ánimo muy diversos.
Sus movimientos parten de la idea de impulso, acción, reacción y a partir de esos gestos los cuerpos asumen las más variadas formas y ‘quiebres’, a la vez que parecen confundirse y unirse en sensaciones que sólo son patrimonio de sus protagonistas.
Los caracteres de cada una de las intérpretes responden a una canción determinada y como sucedía en ‘Interior americano’, acá también se observa una influencia de la danza callejera, espontánea y un hip hop sutilmente ensamblado por esta creativa coreógrafa que guió a sus tres formidables bailarinas por caminos a los que como espectadores les agradecemos que permitan compartirlo con ellas.

LEJANO EGIPTO
En ‘Bajo la luna de Egipto’ Pablo Rotemberg mezcla el teatro, la danza y el cine en una obra de sorprendente equilibrio estético e imaginativo.
Sus intérpretes primero se parecen a las protagonistas de un filme de terror al estilo de ‘Scream’. Luego van adquiriendo matices más desopilantes y surrealistas al jugar con la formas y el espacio y sobre el final adquieren la impronta de un grupo que contagia una divertida sensación de libertad, a través de sus rítmicos bailes en una disco.
Rotemberg construye una obra armónicamente estética y gestual y lo hace mediante una imaginativa explotación del espacio que le ofrece el escenario del Rojas. Trampas que conducen a un subsuelo, un video, un banco y tres excelentes intérpretes capaces de manipular los sentimientos hasta la exasperación, son parte del resultado de esta gratificante obra de danza-teatro. Para el coreógrafo el gesto, cual fuere, es capaz de describir en el espacio una idea, a la que luego se le puede unir el baile, la palabra, o una simple mirada. La imaginación puesta el servicio de la obra es la premisa de este notable coreógrafo argentino.

 
  :: La Nación

14/05/07
Sección Espectáculos - Pág. 2
Universos femeninos e intensos
Cinco canciones. Intérpretes: Mariela Pujol, Laura Zapata, Lucía Fernández Mouján. Video: Karin Idelson. Asesoramiento de vestuario: Florence Argüello. Diseño y realización de vestuario: Cecilia Gadea. Coreografía: Andrea Servera. Bajo la luna de Egipto . Intérpretes: Valeria Anton, Nidia Martínez Barbieri, Vanina García, Florencia Martínez. Vestuario: Federico Laboreau. Iluminación: Marcelo Alvarez. Fotografía y video: María Gracia Geranio, Nicolás Soifer. Asesoramiento musical: Jape Ntaca. Asistente de dirección: Laura Figueiras. Coreografía: Pablo Rotemberg, con la colaboración de las intérpretes. Dirección: Pablo Rotemberg. En el Centro Cultural Ricardo Rojas. Funciones: sábados, a las 20.30. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
Por Carlos Pacheco

Las nuevas propuestas de Andrea Servera y Pablo Rotemberg tienen algunos puntos en común muy reconocibles: una atractiva libertad a la hora de la creación les posibilita a estos artistas, fundamentalmente, jugar y mixturar el movimiento con la música, el video y el teatro; promover el humor desde lugares inesperados, y, en ese apareamiento, afirmar aspectos de sus realidades como generación.
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En Cinco canciones, tres mujeres juegan a las cartas en la terraza de un edificio. Desde allí, y a través de una pantalla de video, se observa el paisaje de una ciudad y un cielo que, a medida que el día avanza, irá quebrando su luminosidad. Las tres mujeres juegan, pero de a poco se irán relacionando con algunos objetos instalados en el espacio. Sus cuerpos comenzarán a reaccionar frente a ellos y, sobre todo, sus brazos adquirirán movimientos inesperados. Los objetos parecerían proyectar una energía inusual pero definitoria, tanto que cargará la escena de poesía y develará otra posibilidad a esos cuerpos femeninos que se hacen más fuertes dentro de ese ámbito conocido. Como si en verdad aun en una ciudad abarrotada de construcciones y en la que el cielo oscurece algo pudiera rescatarse de la sensibilidad personal para, por un instante, transformar lo cotidiano.
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Bajo la luna de Egipto resulta una atractiva investigación sobre el espacio, primero, y luego sobre los cuerpos de las bailarinas que se instalan en él. Una historia anterior, cargada de motivaciones, parecería conducirlas en sus actos. Ellas aparecen de abajo y juegan con las trampas del escenario y las inspeccionan con diferentes partes de sus cuerpos hasta hacerlas reconocibles. Cuando llegan a la superficie comenzará otro reconocimiento: ahora habrá que develar qué hay dentro de una bolsa gigante que las espera; ella tiene movimiento también y, en algún momento, los movimientos que desarrollará cambiarán el tiempo de los acontecimientos y más definiciones aportarán a ese juego de acciones. El monólogo de una de las bailarinas será determinante entonces. Frases aparentemente incoherentes, pronunciadas casi sin motivaciones, irán operando sobre la atención del espectador. Y él cerrará, con su experiencia personal, algo del mundo familiar de esas cuatro mujeres que en la escena se han impuesto con fuerza.
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Los dos trabajos resultan muy intensos. Servera y Rotemberg descubren con diferente intensidad algo de sus mundos privados y lo hacen con recursos muy simples, pero sumamente estudiados. Hay mucha sensibilidad en esas coreografías y unas intérpretes muy dispuestas a hacer crecer las ideas de sus directores.
 
  :: Página/12

9/05/07
Sección Espectáculos
Danza - el Centro abrió su temporada 2007
Las propuestas del Rojas, un baile apto para todo público
Andrea Cervera y Pablo Rotemberg presentan Cinco canciones y Bajo la luna de Egipto, todos los sábados en la sala Batato Barea.

Por Alina Mazzaferro

Hace un poco más de un mes que el Centro Cultural Ricardo Rojas cuenta con un nuevo director, José Miguel Onaindia, quien en una reciente conferencia de prensa presentó la programación para 2007 y 2008, junto con los fundamentos de esta nueva etapa que comienza bajo su gestión. Los primeros objetivos son auspiciosos: devolverle a esta institución dependiente de la Universidad de Buenos Aires su carácter de laboratorio de talentos y tendencias, referente de la efervescencia artística, social y política, apostando al riesgo y la experimentación, aunque con mayor profesionalismo, en vistas a colocarse en el centro de la escena cultural argentina. Siguiendo estas premisas se puso en marcha el segundo programa de danza contemporánea del año, compuesto por dos propuestas disímiles de coreógrafos jóvenes, pero de significativa trayectoria: Andrea Cervera y Pablo Rotemberg presentan Cinco canciones y Bajo la luna de Egipto, respectivamente, todos los sábados de mayo y junio a las 20.30 en la sala Batato Barea (Corrientes 2038).

Cervera y Rotemberg se conocen desde la escuela, cuando ambos cursaban en divisiones paralelas en el colegio Manuel Dorrego de Morón. Aún no sabían que el camino que elegirían, el de la danza, volvería a cruzarlos repetidas veces, hasta reunirlos en un programa compartido en el Rojas muchísimos años después. En parte, quizás, aceptamos la propuesta de Alejandro Cervera (el coordinador del área de danza del Rojas) de presentar un trabajo en este ciclo porque, sin darnos cuenta al comienzo, tenía que ver con la nostalgia, el encuentro y también con la diversión?, aseguran ellos en el programa de mano. También reconocen que les atrajo la invitación a experimentar una idea, un proyecto, siempre con la posibilidad de la prueba y el error?, sin la presión de entregar un producto acabado y con la libertad de mostrar tan sólo el resultado de un proceso, una investigación sin un rumbo inicial prefijado.

Bajo este signo aleatorio nació Cinco canciones, pieza en la que tres intérpretes: Mariela Pujol, Laura Zapata y Lucía Fernández Mouján? dejan, en cada función, librado al azar de las cartas el orden en que se desarrollarán cada uno de los números coreográficos que componen la obra. Sobre la escena, un cuadro en movimiento: un día caluroso de verano; una terraza con una mesa, un tender de ropa, algunas plantas y una jaula con algún canario; un cielo azul y una ciudad descolorida (proyectada en una pantalla gigante como fondo), y el agotador ruido de motores y bocinas que apenas dejan oír el canto de algunos pájaros. Un día como cualquiera y, mientras tanto, ellas juegan a las cartas. Quien gane la partida tiene derecho a comenzar su solo; es entonces cuando la música se entromete y ellas comienzan a moverse, convirtiendo ese mundo conocido y cotidiano en un universo inverosímil, gobernado bajo los ritmos de Café Tacuba, Las Pelotas, Totó la Momposina y Lila Downs.

Bajo la luna de Egipto, por su parte, lleva el indiscutible sello de Rotemberg, quien demuestra, una vez más, que la danza no es necesariamente ?seria? o para entendidos. Desopilantemente cómica, Bajo la luna... combina una estética oscura y tenebrosa propia de un film de James Whale, con relatos de desesperación amorosa y una pegadiza melodía de Tommy, de The Who. No sólo fue ésta la oportunidad para que se destacara el creador de El lobo, sino también las jóvenes intérpretes ?Valeria Anton, Nidia Martínez Barbieri, Florencia Martínez (que baila dentro de una mortaja) y, especialmente, Vanina García?, quienes además colaboraron en el proceso de composición coreográfica junto con Laura Figueiras.

Cuando terminaron el quinto año en el Dorrego de Morón, ni Rotemberg ni Cervera se imaginaron que en 2007 compartirían un programa en el Rojas; menos aún que se convertirían en coreógrafos con cada vez más influencia en el mundo de la danza local. Sí lo imaginó Alejandro Cervera cuando los convocó para la nueva gestión del Rojas. Y el resultado es un par de obras amenas, divertidas y para todo tipo de público; sólo el comienzo de una programación renovada (ver aparte) que promete convertir al Rojas en un espacio de referencia.

   
 

   
     
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