|
|
 |
| |
|
 |
|
| |
El
Rojas en los medios/Danza |
| |
 |
| |
::
La Nación
12/07/07
Sección Espectáculos
James Bond
en el Rojas
Un desparejo ciclo de
danza Se destacan
las dos coreografías de José
Inzunza Leal y de Exequiel Barreras
Por Alejandro Cruz
En el Centro Cultural Ricardo
Rojas se acaba de estrenar el
ciclo (2)007 Superagentes, que va los
jueves y domingos. Se trata de una idea
de Alejandro Cervera, curador del lugar,
en la que cuatro coreógrafos desarrollaron
trabajos a partir del mundo de James Bond.
Y como la cosa se presenta en dos programas
distintos, la primera noche hubo para
tomar unos martini (seco, obvio) para
atenuar la espera.
Entre los dos programas es llamativa la
diferencia conceptual y de nivel de realización.
Los dos primeros trabajos están
a cargo de Mariana Bellotto y María
José Goldín, dos coreógrafas
de la generación de los cuarenta.
En sus respectivos montajes ellas optan
por un recorrido sobre la iconografía
típica de James Bond. Una ruta
con ciertos toques de humor que incluye
chicas bonitas, musiquita del momento,
algo de glamour y un desarrollo visual
apoyado en el vestuario y en las imágenes
de algunas de las 16 películas
basadas en las aventuras de ese señorito
inglés.
De algún modo, esos son los ingredientes
básicos de Bond-age & Supra-Bond
, el trabajo de Mariana Bellotto, y Operación
S.P.E.C.T.R.A. , de María José
Goldín y su Compañía
Pata de Ganso. Claro que en estos dos
montajes no hay mucho más que eso:
pura epidermis desordenada sin un sólido
desarrollo coreográfico, interpretativo
y dramático. A lo sumo, los dos
trabajos tienen momentos vistosos, pero
no mucho más que eso.
Bailar y dejar bailar
La puntería se eleva considerablemente
en el segundo programa, a cargo de dos
veinteañeros que debutan como coreógrafos.
Exequiel Barreras, en su primer trabajo
como coreógrafo, presenta Rufianes
. En él arma una historia a partir
de tres personajes, el robo de una valija
con dinero, cierta seducción que
ronda por ahí y la desconfianza
que nace entre ellos. Brillantemente interpretado
por Diego Franco, Juan Onofri Barbato
y Vanesa Turelli, Barreras propone un
trabajo de una atmósfera cargada
de tensión y sugerencias. De algún
modo, una de las figuras más relevantes
del Ballet Contemporáneo del San
Martín entabla un puente entre
el género policial y la danza con
momentos muy virtuosos.
En Historia para dos finales , Joel Inzunza
Leal tiene tres aliados de primer nivel:
el video de Carolina Cappay, la música
de Patricia Cáceres y las actuaciones
de María Kuhmichel Apaz, Jimena
Pérez Salerno, Ignacio García
Lizziero y Martín Alvarez Kalbermater.
Su apuesta pasa por transitar los carriles
del suspenso y la intriga a partir de
personajes que siempre se guardan algo
bajo los impecables trajes (hasta esconden
ciertos deseos inconfesables).
En los dos montajes, James Bond fue sólo
una excusa para indagar aspectos más
personales, de mayor intensidad dramática
y de cruces de lenguaje. Y si bien sus
respectivas propuestas pierden en literalidad,
abiertamente ganan en intensidad poética. |
| |
 |
| |
::
La Nación
2/07/07
Sección Espectáculos
Suspenso y acción
Cuatro coreógrafos con licencia
para bailar
El Centro
Cultural Rojas presenta desde este jueves
un programa de danza contemporánea
inspirado en James Bond
Por Constanza Bertolini
Detectives y superagentes, escenas de
acción y suspenso, mujeres despampanantes
y otras decadentes, armas, maletines
cargados con dinero y un martini dry
servido en glamorosa copa triangular.
¿Acaso están Sean Connery
y Pierce Brosnan invitados a este estreno?
El caso es que el tercer programa de
danza del Centro Cultural Rojas para
este "2007" -según
juguetea con los números su curador,
Alejandro Cervera- toma como disparador
el imaginario Bond y lo ofrece en favor
de una nueva convergencia entre coreógrafos.
Cuatro realizadores, cuatro obras, cuatro
universos de intriga diferentes. Las
experimentadas Mariana Bellotto (última
actualización: Slogans, presentado
en el último Buenos Aires Festival
de Danza Contemporánea) y María
José Goldín (de ella,
Verde, no naranja. Naranja, no. Se vio
en 2005 y 2006), que desde que se formó
el primer grupo de danza teatro de la
UBA vienen compartiendo experiencias,
harán su apuesta en el primer
programa de este ciclo, que pone la
lupa sobre las posibilidades de contar
una historia de superagentes con el
lenguaje de la danza. Y apenas separados
de las chicas por un intervalo, también
a partir del 5 de julio, las insólitas
propuestas de los jovencísimos
Joel Inzunza Leal y Exequiel Barreras
modularán otro tono para el cierre
de cada función.
A días del estreno, sólo
Goldín (porque Bellotto estaba
de viaje en Chile) se encuentra con
los chicos -representantes de otra generación,
que apenas pasan los veinte años-
y entre la sesión de fotos y
una charla con mucha gracia que mantuvieron
para esta nota, enseguida pierde de
vista los síntomas de una gripe
que la tenía mal. "Cuando
Cervera me mandó el mail con
la propuesta tan impulsivamente, le
dije que sí. Pero después
pensé: «¡Estás
loca, María José!»
-cuenta, reproduciendo con detalle aquella
situación-. Tomé conciencia
de lo dificilísimo que era encarar
este trabajo y empecé a buscar
los elementos más relevantes
de las series de detectives privados,
desde el Superagente 86 y los archienemigos
de Batman hasta James Bond". Así,
como en flashes, algunos de los detectives
secretos más famosos del cine
y la TV se cuelan en la pieza Operación
Spectra (Sociedad Permanente Ejecutiva
de Contraespionaje, Terrorismo, Rebelión
y Aniquilamiento), título interminable
que Goldín y su compañía
Pata de Ganso toman de una de las películas
de la saga de 007.
-¿Cómo se lleva la danza
con el suspenso, tanto más cinematográfico,
literario o televisivo?
Goldín: -Como lo que hago es
danza teatro y el desafío es
la integración de los lenguajes,
la obra termina siendo como un chiste,
una mirada completamente satírica,
algo muy mío. Es que es tan gratificante
para el intérprete escuchar que
la gente se ríe que cuando lo
empezás a descubrir querés
ir siempre por ese lado.
Además de doce bailarines, en
la obra de la coreógrafa interviene
el tenor George Bourdie, con un papel
clave en la historia. "¿No
me digas que el asesino es el mayordomo?",
le pregunta Barreras, ciento por ciento
cordobés en su primera intervención,
recostado en el piso del escenario,
mientras toma una gaseosa. "Me
faltaría un poco de fernet, nomás",
sugiere como corolario ideal para el
cierre de un día agitado con
el Ballet del Teatro de San Martín,
que él integra.
A propósito, este joven de 23
años sobresalió con su
performance en el programa que la compañía
de Mauricio Wainrot presentó
hasta hace un mes en el Alvear. Allí,
supo ser un español desopilante
para Playback, de Carlos Casella; un
intérprete con un as de actuación
en la manga del traje, para Amargo ceniza,
de Carlos Trunsky, y finalmente, con
igual nivel de talento y técnica,
en la coreografía Movimiento
perpetuo. "Soy más actor
que bailarín, pero las cosas
se fueron dando así y a Buenos
Aires me trajo una beca para la compañía
de Julio Bocca", resume su historial,
al que ahora suma su primer trabajo
coreográfico, Rufianes.
"Juro por Dios que recibí
la propuesta y no dormí por tres
días -confiesa-. Me costó
decidirme; pensé qué hacer
y dije: «Me tengo que mandar,
porque ahora soy bailarín»,
y se ríe otra vez. Y como soy
fanático de Timothy y Stephen
Quay, dos hermanos que hacen cine con
objetos, tomé de su mediometraje
La calle de los cocodrilos una música
que me reventaba la cabeza y armé
todo desde ahí." Barreras
dice que su obra -que deja de lado la
figura del detective para centrarse
en el género policial- apareció
como un film que después empezó
a fragmentar y desordenar.
El maletín o la chica
"Hay un juego de poder entre los
dos personajes varones: ganar el dinero
de un maletín robado o ganar
a la chica que, claro, también
pretende quedarse con la plata",
dice el cordobés, anticipando
la trama de esta película "bailada"
que cuenta con una cornisa de edificio
por toda escenografía, en un
ambiente afrancesado.
En cambio, es sobre un callejón
inglés recreado a través
de una videoproyección en blanco
y negro que Historia para dos finales,
de Joel Inzunza Leal (24), pondrá
a sus personajes psicológicamente
desnudos.
"Sobre todo me enganché
por la conexión con el año
en que estamos, 2007, como una excusa
para abordar la danza desde otra temática.
Y encontré un coloquio que se
hizo en enero último, en Francia,
sobre la saga de James Bond", dice
el bailarín chileno, de 24 años,
que a sólo un año de su
mudanza a Buenos Aires ya estrenó,
además, Aireempaq.
Inzunza Leal se dispone a sacar al sol
los trapitos de la infancia de sir James.
"Me agarré de esa investigación
sobre el lado psicológico, la
personalidad bondiana, y un poco de
las características de estas
películas -sigue diciendo, para
dejar a todos boquiabiertos-. Se habla
de por qué nunca se mostró
a los familiares de James Bond, como
si en cada chica que él pudiera
conquistar estuviera su madre."
Todos se ríen. María José
pone cara de asombro. Exequiel se revuelca
en el suelo. Y Joel sube la apuesta
cuando refiere: "La elegancia,
el fetichismo por la línea, el
buen comer y esa preocupación
medio gay del hombre inglés.
Me tiré por ese lado".
Barreras: -"¡¿Vos
decís que James Bond era marica?!-
interrumpe, a las carcajadas.
Su compañero responde con la
definición que hasta ahora todos
estuvieron buscando. "La base es
la sugestión. Hace mucho que
estoy tratando de lograr desde el movimiento
cierta narrativa, cierta dramaturgia,
exclusivamente con la danza como medio.
Desde ahí empecé a buscar
intriga, suspenso, en lo coreográfico,
en el vestuario, en la música,
en cada elemento."
|
| |
 |
| |
::
Clarín
8/03/07
Sección Espectáculos
ESTRENOS
EN EL ROJAS
Un repertorio
heterogéneo
Se ofrecieron
dos obras, "Doce saltos" y
"Permanece así". La
primera mostró un humor delicado
y audaz.
Por Laura Falcoff
Un programa con estrenos de dos autores
diferentes marcó el inicio de
la temporada de danza del Centro
Cultural Rojas. Quizás
fue el director que está a cargo
del área, Alejandro Cervera,
quien se propuso armar un repertorio
bien contrastante, a diferencia de otros
programas para los que se busca algún
tipo de unidad: estilística,
temática, o de cualquier otro
tipo.
Decisión meditada o no, lo cierto
es que las dos obras recién estrenadas
pertenecen, sin duda, a mundos muy diferentes:
Doce saltos de Silvina Grinberg, es
una pieza que podríamos denominar
–con cierta resistencia–
como de danza-teatro, o al menos visiblemente
influida por el universo estético
y conceptual de Pina Bausch. Permanece
así, del debutante coreógrafo
Emanuel Ludueña, es una pieza
de danza contemporánea hecha
y derecha.
Comencemos por la obra de Grinberg.
Doce saltos atraviesa, con un humor
muy franco y muy fino al mismo tiempo,
varias escenas interpretadas de un modo
regocijante por un grupo de bailarines
no profesionales, adecuadísimos
cada uno en su rol; el trabajo en escena
les pide, más que una afinada
técnica de danza, ciertas virtudes
interpretativas que Grinberg supo conducir
con mucha habilidad. La coreógrafa
logró, en conjunto, algo muy
interesante y nada fácil por
cierto: el aire de estudiantina de Doce
saltos, la relativa precariedad material
(en el vestuario, en los elementos que
utilizan), la arbitrariedad que une
o más bien divide las sucesivas
escenas –porque el tema del riesgo
y el salto seguramente fue sólo
un punto de partida para elaborar la
obra y después se sumaron otros
motivos–, en fin, para resumir,
el aire un poco despreocupado que recorre
Doce saltos, no la debilita como propuesta
escénica. La obra tiene ideas
bien planteadas y bien resueltas, y
no trata de disimular sus limitaciones
ni tampoco hace de ellas un uso oportunista.
Todo lo que la obra es y todo lo que
quiere decir está en el escenario,
lo que no es poco mérito.
Emanuel Ludueña trabajó
en su obra con cinco estupendos intérpretes,
entre ellos él mismo.
Justamente, a diferencia de Doce saltos,
hay aquí bailarines muy formados
que se mueven bella y afinadamente,
aunque es difícil descubrir el
propósito. No es necesario que
una obra de danza posea un tema reconocible,
bien podría ser un trabajo sólo
formal.
Sin embargo, Permanece así está
tan cargada de sugerencias enigmáticas
que es difícil no preguntarse
quiénes son esos personajes y
qué les ocurre. En el curso de
esta inevitable inquietud, de estas
preguntas sin respuesta, la obra, como
entidad coreográfica, va pasando
y de alguna manera también se
pierde. (viernes y sábados en
el Centro Rojas, Corrientes 2038. $10)
Del mismo semillero
Silvina Grinberg (33) y Emanuel Ludueña
(23) son egresados del Taller de Danza
del Teatro San Martín, que suele
resultar un semillero de valiosos coreógrafos.
Silvina Grinberg había estrenado
en la edición 2004 del Festival
Buenos Aires Danza Contemporánea
su atractiva obra El escondido. Emanuel
Ludueña, aunque debuta como coreógrafo
en este programa, había creado
ya una pequeña pero interesantísima
pieza para una muestra del Taller de
Danza tres años atrás.
|
| |
 |
| |
::
Clarín
2/03/07
DANZA: DOBLE
ESTRENO EN EL ROJAS
El riesgo y la posesión
Laura Falcoff ESPECIAL
PARA CLARIN
Silvina Grinberg y Emanuel Ludueña
comparten dos circunstancias: la primera
es que ambos egresaron, en diferentes
épocas, del Taller de Danza del
Teatro San Martín; la segunda,
que el programa que se estrena hoy en
el Rojas está compuesto por obras
de uno y otro. La obra de Grinberg,
12 saltos, se presenta como un trabajo
sobre el riesgo y sobre el salto como
acción física; la obra
de Ludueña, Permanece así,
recurre en su presentación a
una cita poética sobre el amor
y la posesión.
¿Tu obra, Silvina, es más
física, y la de Emanuel más
emocional?
Silvina: Mi obra es muy física
pero como ocurre en otros trabajos que
hice también hay elementos teatrales,
una de las bailarinas canta; en fin,
cosas que fueron apareciendo en los
ensayos. 12 saltos surgió de
un taller que dicté en el estudio
de Cristina Barnils, que quería
que sus alumnos hicieran una experiencia
con un coreógrafo. No eran bailarines
profesionales, recién ahora se
estrenan como tales; un riesgo para
ellos... y para mí.
Emanuel: Es mi primera obra y tiene,
es cierto, un carácter más
emocional y también visual. Alejandro
Cervera (N.de la R.: director de danza
del Rojas), había visto en una
muestra de fin de año del Taller
de Danza del San Martín —hará
unos tres años— un dúo
que yo había hecho para mi tesina
y me impulsó a que me probara
en la creación coreográfica.
Tenía una primera idea para desarrollar,
pero necesitaba un impulso como para
ponerme a trabajar de nuevo, armar un
grupo —es un quinteto, en el que
yo también bailo— y volver
a ver el cine de Wong Kar Wai, que es
una referencia muy importante para mí
y cuya influencia estaba ya presente
en el dúo.
¿Qué plan seguiste en
la obra?
Las intenciones las tenía bastante
claras previamente, así que me
dediqué al principio a trabajar
sólo sobre el lenguaje de movimiento.
Cuento mucho con el aporte de los bailarines,
con sus improvisaciones; quizás
sea así por mi escasa experiencia
coreográfica.
¿Y cómo fue tu proceso,
Silvina?
En trabajos anteriores míos sabía
claramente lo que quería hacer
pero en este tenía sólo
algunas pautas; comencé a dejar
que las cosas fluyeran, sin esas exigencias
que a veces uno se impone. Sé
que en esta obra hay una influencia
del cine clásico americano, de
la estética de Escuela de sirenas,
pero este y otros elementos fueron apareciendo
en el proceso y confluyendo, como a
veces ocurre, de una manera mágica.
|
| |
 |
| |
::
La Prensa
21/05/07
Sección Espectáculos
EN EL ROJAS
DOS MAGNIFICAS OBRAS de ANDREA SERVERA
Y PABLO ROTEMBERG
Danza y surrealismo
cotidiano
‘Cinco canciones’. Danza.
Coreografía: Andrea Servera. Vestuario:
Cecilia Gadea y Florence Argüello.
Video: Karin Idelson. Bailarinas: Mariela
Pujol, Laura Zapata y Lucía Fernández
Mouján. ‘Bajo la luna de
Egipto’, danza-teatro. Coreografía:
Pablo Rotemberg. Asesoramiento musical:
Jape Ntaca. Vestuario: Federico Laboureau.
Iluminación: Marcelo Alvarez. Bailarinas:
Valeria Antón. Nidia Martínez
Barbieri, Vanina García y Florencia
Martínez. Centro cultural Rojas
(Corrientes 2038), sábados a las
20.30.
Por Juan Carlos Fontana
El programa doble de danza que ofrece
el centro Rojas reúne
a dos reconocidos coreógrafos,
Andrea Servera (‘Interior americano’)
y Pablo Rotemberg (‘El lobo’).
En una vertiente que oscila entre la
performance y la danza teatro, los dos
artistas exponen un clima de cotidianidad
al que le imprimen el tono de un exquisito
absurdo en la primera y un original
entramado que hereda elementos del cine
de terror y el surrealismo, en la segunda.
CINCO CANCIONES
En ‘Cinco canciones’ Andrea
Servera elige por protagonistas a tres
mujeres. Estas jóvenes amas de
casa no parecen desesperadas, pero de
a ratos juegan a las cartas, beben jugo
de fruta, o doblan algunas ropas apoyadas
en una tabla de planchar. En el fondo
y a través de las imágenes
de un video se observa una Buenos Aires
vista desde sus terrazas de casas bajas,
en las que se muestra el atardecer y
el anochecer. Por momentos cada una
de las chicas, como si respondiera a
una necesidad inconsciente, pasan de
hacer unos breves pasos, a entusiasmarse
y armar una coreografía que responde
a estados de ánimo muy diversos.
Sus movimientos parten de la idea de
impulso, acción, reacción
y a partir de esos gestos los cuerpos
asumen las más variadas formas
y ‘quiebres’, a la vez que
parecen confundirse y unirse en sensaciones
que sólo son patrimonio de sus
protagonistas.
Los caracteres de cada una de las intérpretes
responden a una canción determinada
y como sucedía en ‘Interior
americano’, acá también
se observa una influencia de la danza
callejera, espontánea y un hip
hop sutilmente ensamblado por esta creativa
coreógrafa que guió a
sus tres formidables bailarinas por
caminos a los que como espectadores
les agradecemos que permitan compartirlo
con ellas.
LEJANO EGIPTO
En ‘Bajo la luna de Egipto’
Pablo Rotemberg mezcla el teatro, la
danza y el cine en una obra de sorprendente
equilibrio estético e imaginativo.
Sus intérpretes primero se parecen
a las protagonistas de un filme de terror
al estilo de ‘Scream’. Luego
van adquiriendo matices más desopilantes
y surrealistas al jugar con la formas
y el espacio y sobre el final adquieren
la impronta de un grupo que contagia
una divertida sensación de libertad,
a través de sus rítmicos
bailes en una disco.
Rotemberg construye una obra armónicamente
estética y gestual y lo hace
mediante una imaginativa explotación
del espacio que le ofrece el escenario
del Rojas. Trampas que conducen a un
subsuelo, un video, un banco y tres
excelentes intérpretes capaces
de manipular los sentimientos hasta
la exasperación, son parte del
resultado de esta gratificante obra
de danza-teatro. Para el coreógrafo
el gesto, cual fuere, es capaz de describir
en el espacio una idea, a la que luego
se le puede unir el baile, la palabra,
o una simple mirada. La imaginación
puesta el servicio de la obra es la
premisa de este notable coreógrafo
argentino. |
| |
 |
| |
::
La Nación
14/05/07
Sección Espectáculos - Pág.
2 Universos
femeninos e intensos
Cinco canciones.
Intérpretes: Mariela Pujol, Laura
Zapata, Lucía Fernández
Mouján. Video: Karin Idelson. Asesoramiento
de vestuario: Florence Argüello.
Diseño y realización de
vestuario: Cecilia Gadea. Coreografía:
Andrea Servera. Bajo la luna de Egipto
. Intérpretes: Valeria Anton, Nidia
Martínez Barbieri, Vanina García,
Florencia Martínez. Vestuario:
Federico Laboreau. Iluminación:
Marcelo Alvarez. Fotografía y video:
María Gracia Geranio, Nicolás
Soifer. Asesoramiento musical: Jape Ntaca.
Asistente de dirección: Laura Figueiras.
Coreografía: Pablo Rotemberg, con
la colaboración de las intérpretes.
Dirección: Pablo Rotemberg. En
el Centro Cultural Ricardo Rojas. Funciones:
sábados, a las 20.30. Duración:
60 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
Por Carlos Pacheco
Las nuevas propuestas de Andrea Servera
y Pablo Rotemberg tienen algunos puntos
en común muy reconocibles: una
atractiva libertad a la hora de la creación
les posibilita a estos artistas, fundamentalmente,
jugar y mixturar el movimiento con la
música, el video y el teatro; promover
el humor desde lugares inesperados, y,
en ese apareamiento, afirmar aspectos
de sus realidades como generación.
.
En Cinco canciones, tres mujeres juegan
a las cartas en la terraza de un edificio.
Desde allí, y a través de
una pantalla de video, se observa el paisaje
de una ciudad y un cielo que, a medida
que el día avanza, irá quebrando
su luminosidad. Las tres mujeres juegan,
pero de a poco se irán relacionando
con algunos objetos instalados en el espacio.
Sus cuerpos comenzarán a reaccionar
frente a ellos y, sobre todo, sus brazos
adquirirán movimientos inesperados.
Los objetos parecerían proyectar
una energía inusual pero definitoria,
tanto que cargará la escena de
poesía y develará otra posibilidad
a esos cuerpos femeninos que se hacen
más fuertes dentro de ese ámbito
conocido. Como si en verdad aun en una
ciudad abarrotada de construcciones y
en la que el cielo oscurece algo pudiera
rescatarse de la sensibilidad personal
para, por un instante, transformar lo
cotidiano.
.
Bajo la luna de Egipto resulta una atractiva
investigación sobre el espacio,
primero, y luego sobre los cuerpos de
las bailarinas que se instalan en él.
Una historia anterior, cargada de motivaciones,
parecería conducirlas en sus actos.
Ellas aparecen de abajo y juegan con las
trampas del escenario y las inspeccionan
con diferentes partes de sus cuerpos hasta
hacerlas reconocibles. Cuando llegan a
la superficie comenzará otro reconocimiento:
ahora habrá que develar qué
hay dentro de una bolsa gigante que las
espera; ella tiene movimiento también
y, en algún momento, los movimientos
que desarrollará cambiarán
el tiempo de los acontecimientos y más
definiciones aportarán a ese juego
de acciones. El monólogo de una
de las bailarinas será determinante
entonces. Frases aparentemente incoherentes,
pronunciadas casi sin motivaciones, irán
operando sobre la atención del
espectador. Y él cerrará,
con su experiencia personal, algo del
mundo familiar de esas cuatro mujeres
que en la escena se han impuesto con fuerza.
.
Los dos trabajos resultan muy intensos.
Servera y Rotemberg descubren con diferente
intensidad algo de sus mundos privados
y lo hacen con recursos muy simples, pero
sumamente estudiados. Hay mucha sensibilidad
en esas coreografías y unas intérpretes
muy dispuestas a hacer crecer las ideas
de sus directores. |
| |
 |
| |
::
Página/12
9/05/07
Sección Espectáculos
Danza -
el Centro abrió su temporada 2007
Las propuestas del
Rojas, un baile apto para todo público
Andrea Cervera y Pablo Rotemberg presentan
Cinco canciones y Bajo la luna de Egipto,
todos los sábados en la sala Batato
Barea.
Por Alina Mazzaferro
Hace un poco más de un mes que
el Centro Cultural Ricardo Rojas cuenta
con un nuevo director, José Miguel
Onaindia, quien en una reciente conferencia
de prensa presentó la programación
para 2007 y 2008, junto con los fundamentos
de esta nueva etapa que comienza bajo
su gestión. Los primeros objetivos
son auspiciosos: devolverle a esta institución
dependiente de la Universidad de Buenos
Aires su carácter de laboratorio
de talentos y tendencias, referente
de la efervescencia artística,
social y política, apostando
al riesgo y la experimentación,
aunque con mayor profesionalismo, en
vistas a colocarse en el centro de la
escena cultural argentina. Siguiendo
estas premisas se puso en marcha el
segundo programa de danza contemporánea
del año, compuesto por dos propuestas
disímiles de coreógrafos
jóvenes, pero de significativa
trayectoria: Andrea Cervera y Pablo
Rotemberg presentan Cinco canciones
y Bajo la luna de Egipto, respectivamente,
todos los sábados de mayo y junio
a las 20.30 en la sala Batato Barea
(Corrientes 2038).
Cervera y Rotemberg se conocen desde
la escuela, cuando ambos cursaban en
divisiones paralelas en el colegio Manuel
Dorrego de Morón. Aún
no sabían que el camino que elegirían,
el de la danza, volvería a cruzarlos
repetidas veces, hasta reunirlos en
un programa compartido en el Rojas muchísimos
años después. En parte,
quizás, aceptamos la propuesta
de Alejandro Cervera (el coordinador
del área de danza del Rojas)
de presentar un trabajo en este ciclo
porque, sin darnos cuenta al comienzo,
tenía que ver con la nostalgia,
el encuentro y también con la
diversión?, aseguran ellos en
el programa de mano. También
reconocen que les atrajo la invitación
a experimentar una idea, un proyecto,
siempre con la posibilidad de la prueba
y el error?, sin la presión de
entregar un producto acabado y con la
libertad de mostrar tan sólo
el resultado de un proceso, una investigación
sin un rumbo inicial prefijado.
Bajo este signo aleatorio nació
Cinco canciones, pieza en la que tres
intérpretes: Mariela Pujol, Laura
Zapata y Lucía Fernández
Mouján? dejan, en cada función,
librado al azar de las cartas el orden
en que se desarrollarán cada
uno de los números coreográficos
que componen la obra. Sobre la escena,
un cuadro en movimiento: un día
caluroso de verano; una terraza con
una mesa, un tender de ropa, algunas
plantas y una jaula con algún
canario; un cielo azul y una ciudad
descolorida (proyectada en una pantalla
gigante como fondo), y el agotador ruido
de motores y bocinas que apenas dejan
oír el canto de algunos pájaros.
Un día como cualquiera y, mientras
tanto, ellas juegan a las cartas. Quien
gane la partida tiene derecho a comenzar
su solo; es entonces cuando la música
se entromete y ellas comienzan a moverse,
convirtiendo ese mundo conocido y cotidiano
en un universo inverosímil, gobernado
bajo los ritmos de Café Tacuba,
Las Pelotas, Totó la Momposina
y Lila Downs.
Bajo la luna de Egipto, por su parte,
lleva el indiscutible sello de Rotemberg,
quien demuestra, una vez más,
que la danza no es necesariamente ?seria?
o para entendidos. Desopilantemente
cómica, Bajo la luna... combina
una estética oscura y tenebrosa
propia de un film de James Whale, con
relatos de desesperación amorosa
y una pegadiza melodía de Tommy,
de The Who. No sólo fue ésta
la oportunidad para que se destacara
el creador de El lobo, sino también
las jóvenes intérpretes
?Valeria Anton, Nidia Martínez
Barbieri, Florencia Martínez
(que baila dentro de una mortaja) y,
especialmente, Vanina García?,
quienes además colaboraron en
el proceso de composición coreográfica
junto con Laura Figueiras.
Cuando terminaron el quinto año
en el Dorrego de Morón, ni Rotemberg
ni Cervera se imaginaron que en 2007
compartirían un programa en el
Rojas; menos aún que se convertirían
en coreógrafos con cada vez más
influencia en el mundo de la danza local.
Sí lo imaginó Alejandro
Cervera cuando los convocó para
la nueva gestión del Rojas. Y
el resultado es un par de obras amenas,
divertidas y para todo tipo de público;
sólo el comienzo de una programación
renovada (ver aparte) que promete convertir
al Rojas en un espacio de referencia. |
| |
|
| |
|
 |
|
|
|
|