NÚMERO 40

El Torito
Danza madre del carnaval
por Gabriel García Márquez

Artículo publicado en febrero de 1954 en el diario El Espectador de Bogotá, donde García Márquez ingresó como redactor de planta en enero de ese año. La selección de su obra periodística fue editada en 1982, con prólogo realizado por Jacques Gilard. Este texto pertenece al tomo 2: Ente cachacos.
El desafío de los “Congos” a los “Gallinazos”. “El torito”, una entidad cívica con personería jurídica.
Barranquilla festeja intensamente cinco días de Carnaval. Los otros trescientos sesenta son de trabajo intenso, que en el caso de la capital del Atlántico no son sino una manera de esperar intensamente el Carnaval. Mientras va a la fábrica, descarga un barco o cierra una transacción, el barranquillero por nacimiento, por aclimatación o por contagio está deseando secretamente en cualquier época del año que las cosas le salgan bien para tener un buen carnaval.
Es una pasión que nació con la ciudad. Si hemos de aceptar que cada pueblo tiene la historia que merece, debemos convenir en que los pastores anónimos que encontraron en las Barrancas de San Nicolás un lugar propicio para sus reses y fundaron una ciudad sin proponérselo, se sintieron por primera vez arraigados a la nueva tierra e identificados con ella un domingo de Quincuagésima.
Seguramente es más que una casualidad el hecho de que, en una ciudad fundada por ganaderos. La más antigua danza del carnaval sea la de “El Torito”. En 1883, mientras el resto del país salía de una guerra civil para meterse en otra, un grupo de alegres barranquilleros que como los de ahora y los de siempre no tenían mucho que ver con la política, organizó la danza de “El Torito” con la misma seriedad y el mismo sentido institucional con que en cualquier otra parte se hubiera organizado un nuevo partido político.
Épocas tuvo el carnaval en que la ineludible y casi patriótica obligación de disfrazarse era una peligrosa determinación, un desafío de quienes se caracterizaban de “Congos” a quienes preferían hacerlo de “Gallinazos”. La verdadera historia de las guerras civiles de Barranquilla es la historia de sus carnavales, cando dos comparsas rivales se encontraban a la vuelta de una esquina y se empeñaban en demostrar dramáticamente cual de las dos era la dueña de la calle. El buen juicio de los barranquilleros, su sentido de la concordia y también seguramente el de “fair-play” permitieron que con el tiempo los legítimos machetes de la danza de “El Torito” –que era la única danza oficialmente armada- fueran reemplazados por machetes de madera: listones disfrazados de machetes.
Acaso sea en memoria de esa época beligerante que la ceremonia inaugural de los carnavales se llame “La batalla de las flores”
De aquella turbulenta edad de piedra, quedó reconocida la supremacía de la gran danza, la danza madre, la de “El Torito”. Sólo puede formarse parte de ella por derecho heredado, de manera que sus componentes actuales son descendientes en línea directa de los fundadores.
“El Torito” es una entidad cívica, con personería jurídica, papel timbrado y secretario perpetuo. Sus funciones no son ya exclusivamente las de prolongar con autoridad la tradición de las carnestolendas, sino todas las funciones privativas de las entidades cívicas, como lamentar en nota de estilo la muerte de un ciudadano prominente, o protestar –variando un poco el estilo de la nota- por la mala organización del tránsito urbano, si es ése el caso.
La autoridad cívica de “El Torito” es la mejor demostración de que el carnaval de Barranquilla es una cosa perfectamente seria.

 

 


  l Contacto