Cuarteto
no estable de artistas carnavaleras
Las dos Doras, la Bianchi
y la Garrafo
, Perla
Margulies y Ana
María Silva conformaron un cuarteto no estable de mujeres
grabadoras, decididas a dotar al Carnaval de imágenes perennes,
algo así como un registro visual de sus vivencias y emociones
en torno a la fiesta colectiva y transgresora. Multiplicadoras de
estampas a partir de matrices trabajadas con técnicas ancestrales,
lo del oficio les viene de lejos, desde la formación académica
en ámbitos diversos, hasta el trajinar por la vida en trasnochadas
y corsos, con murgas y comparsas, máscaras y mascaritas de
todo tipo, origen y calaña. Y lo popular se les cuela no
sólo desde la elección del tema, sino a partir de
la opción por una disciplina masiva y reproductora como es
el grabado. Carnavaleando desde el hierro, el zinc o la madera,
las cuatro dialogan, se contraponen y complementan. Ana María
Silva trabaja sus murgueros como una continuidad corporal y rítmica
del oleaje de la hinchada, desenfrenado al tiempo que armónico.
Dora Garrafo (www.garraffo.com.ar)
se instala en el imaginario del carnaval andino, donde el diablo,
ubicuo, protagoniza una fiesta carnal, teñida, en el fondo,
por el rigor de la baguala. Perla Margulies se expresa con líneas
dramáticas y texturas contrastantes. Sus personajes trasuntan
el deseo humano de fusión con lo terreno. Entre ellos, sólo
un ojo avizor logrará desentrañar la sutileza del
sobrevuelo del cóndor o la ferocidad de una mueca felínica.
En la obra de Dora
Bianchi se manifiesta el caos de lo urbano, la superposición
de perspectivas, amalgamadas por la ironía y la nostalgia
de un Buenos Aires cuya esencia comunitaria resiste desde el corazón
de los barrios. La cita fue en "el Rojas", en plena carnestolenda.
Para la ocasión las musas cedieron su lugar –o tal
vez se disfrazaron de ellos, la cosa está por verse–
al diablo y al travesti, a los hombres del bombo y el redoblante,
a niños con pomos inocentes, a las miradas lánguidas
o ardientes de los solitarios enmascarados. |