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Programa de Comunicación
y Reflexión Publica sobre la Ciencia |
| Coordina: Eduardo Wolovelsky |
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La cultura a través de la ciencia
“Yo, Galileo Galilei hijo de Vincenzo Galilei de Florencia, a los 70 años de edad, constituido
personalmente en juicio, y arrodillado ante vosotros (…)”. Este era el comienzo de la
abjuración a la que un hombre cansado y envejecido, sometido al omnímodo poder de la
Inquisición, estaba obligado. “(…) Juro que en lo porvenir nunca diré ni afirmaré de viva voz o
por escrito cosas tales que puedan justificar una sospecha semejante con respecto a mi; y si
conozco algún hereje o sospechoso de herejía lo denunciaré a este Santo Oficio, o al inquisidor
o al ordinario del lugar, donde me encuentre”. De esta forma concluía aquella dolorosa
declamación que quedaría grabada en la memoria de la historia con la indignada marca que
la justicia de los poderosos deja cuando condenan a ideas e inocentes con la intención de
sostener sus privilegios.
Era el 22 de junio de 1633 y con cada palabra dicha en aquel parlamento, la libertad de
pensamiento y el derecho al conocimiento, no como un privilegio de una elite intelectual sino
como motor de la independencia de los hombres, se quebraban y resquebrajaban de manera
sentida y profunda.
Años antes, en 1609, Galileo había observado por primera vez la Luna a través de las lentes
de un telescopio. La naturaleza rocosa e irregular que el propio Galileo dibujó no significaba
sólo una nueva forma de ver a aquel astro, era además un acto contra las formas tradicionales
de decidir acerca de la verdad de las cosas. Con el tiempo este ejercicio intelectual y la defensa
del sistema copernicano lo llevarían a sufrir una dura condena impuesta por la Iglesia Católica.
Pero, ¿por qué insistir sobre este hecho del pasado? ¿No se reivindicó acaso la figura de
Galileo cuando se dio a conocer, en 1992, el informe de la comisión designada por el Papa
Juan Pablo II y presidida por el cardenal Poupard? Es difícil decidir si una reivindicación tan
tardía remedia de alguna manera la injusticia cometida en el pasado, en particular cuando el
poder de la Inquisición no fue cuestionado, habilitando a las nuevas inquisiciones que están
esperando como “La peste” de Camus, agazapadas, a que en la mente de los hombres el miedo
a la libertad se imponga por sobre su deseo.
Habrá muchas razones, pero esta última es suficiente para entender que las acciones que
aquí proponemos son una respuesta para aquellos que suponen que es imposible para el
gran público, para el hombre de a pie, analizar y pensar los complejos significados sociales
del conocimiento científico y que por ello sólo pueden acceder a versiones publicitarias y
degradadas de ese saber. No vamos a demostrar con estudios sociológicos la posibilidad
del debate público que proponemos porque el valor de lo que afirmamos está sostenido
en una decisión política y en el ineludible deber de la Universidad de Buenos Aires con la
promoción del acceso al conocimiento. Esa decisión y ese deber son los que nos obligan a
una crítica de los actos que tienen como única finalidad la construcción de un mercado de
consumo del saber, a la vez que nos llevan a renunciar a la búsqueda de masividad como
forma de determinar la legitimidad de nuestras propuestas. El significado de lo dicho hasta
aquí se traduce en un compromiso con la promoción de la reflexión pública sobre la ciencia,
entendiendo que a través de ella también habla nuestra cultura.
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Opciones y decisiones*
Fue en el tosco y cautivante paisaje del Valle del Omo, en África Oriental, donde Jacob Bronowski decidió comenzar el rodaje de la gran serie televisiva El ascenso del hombre. Pero la mañana del primer día de grabación la avioneta en la que viajaba el camarógrafo, quien debía registrar desde el aire las primeras escenas, se estrelló poco después de despegar. Por aquella rara fortuna que muy difícilmente nos toca en suerte, todos los tripulantes sobrevivieron sin mayores heridas pero con la marca en su imaginación del temor a volar. Considerando está difícil situación, se le propuso al camarógrafo contratar a otro profesional para las tomas áreas pero este repuso que, a pesar del miedo que sentía, se encargaría de la filmación porque era lo que debía hacer.
Entre las consideraciones que Bronowski realiza al final de su trabajo hay una que, por su conmovedor compromiso con el acto humano, es interesante destacar. Sostiene allí que “la historia humana no consta de sucesos, consta de gente, y no sólo de gente que hace remembranzas, es gente que actúa y vive el pasado en el presente”. La historia es el acto de decisión del camarógrafo, ese que continuamente es renovado por los giros del tiempo pero que ahora, lejos del ámbito personal, se proyecta como una cuestión social urgente. ¿Estamos dispuestos a hacer lo que creemos justo y significativo? ¿No es mejor negociar los principios en aras de un exitoso reconocimiento masivo, de lograr la palmada conciliatoria de los poderosos, el acomodo a la ley aunque sea profundamente injusta o la adecuación social sostenida a través de la defensa de los prejuicios vigentes? Pocas dudas caben que estas últimas opciones se han ido consolidando en el mundo globalizado constituyéndose en un verdadero programa político, sostenido por instituciones y personajes de las más variadas expresiones culturales, a través del cual se le niega a la mayoría de los hombres y las mujeres el acceso a los bienes económicos y simbólicos a los que tienen derechos por su propia condición humana. Pero esta no es una situación inevitable, es una opción. Podemos volver a la primera pregunta y decidir qué hemos de excluir en nuestra respuesta cualquier aproximación de carácter afirmativo, por pequeña que sea, al segundo interrogante.
Hemos asumido que la práctica y la enseñanza de las ciencias en las escuelas y en las universidades son actos liberadores y hechos que promueven perspectivas democratizadoras. Tan obvias parecen estas consideraciones que no forman parte de las discusiones y preocupaciones cotidianas. Sin embargo, de forma dominante la relación de la educación con el conocimiento y la producción científica está sostenida en una concepción tecnocrática según la cual el saber se imparte desde quien conoce hacia quien ignora, por lo cual a este último le estaría vedado todo acto de crítica y reflexión. Lejos de liberar y democratizar, la idea de impartir saberes cristaliza relaciones de poder y situaciones injustas.
El futuro es incierto, pero el imaginario de ese futuro nos moviliza hoy y determina gran parte de lo que hacemos y pensamos. Podemos desistir de las utopías, porque finalmente se constituyen en dramáticas distopías, pero no podemos renunciar a pensar, si la pretensión es la constitución de una sociedad más justa, que todo ser humano es un creador y un individuo intelectualmente autónomo. Por ello estamos obligados a considerar las palabras del biólogo evolucionista Stephen Jay Gould cuando, como escritor y divulgador de la ciencia sostiene, contra los mercaderes del saber y los autoproclamados guardianes de la excelencia, que una de sus principales decisiones como hombre de letras es invitar al lector a caminar juntos.
La ciencia pueden constituirse en una forma de conocimiento liberadora de las potencias intelectuales de los seres humanos, pero esto exige compartir los saberes y no impartirlos lo cual se erige finalmente como decisión y acto fundamental desde el cual la educación que intentamos defender aquí es posible.
*Wolovelsky Eduardo, El siglo ausente, Del Zorzal, Buenos Aires, 2008. Fragmento modificado por el autor.
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Actividades Programadas
Primer Congreso de Comunicación
Pública de la Ciencia
Jueves 15 de Septiembre en la ciudad de Córdoba
Más información en: www.copuci.net
11:30 Panel de debate: “Historia y presente de la
Divulgación Científica en Iberoamérica”
(Auditorio ECI 4 )
Dra. Paulina Brunetti (Escuela de Ciencias de la
Información – UNC)
Dr. Diego Hurtado (Universidad Nacional de San
Martín – Tecnópolis)
Lic. Eduardo Gabriel Wolovelsky (Centro Cultural
Rojas – UBA)
Dra. Susana Días (Pesquisadora do Labjor
– Unicamp)
Modera: Ignacio Jawtuschenko (Programa de Comunicación
Social y Divulgación Científica de la SeCyT)
“Contra la publicidad
y el instrumentalismo de la didáctica”
por Eduardo Wolovelsky*
Martes 17 de mayo a las 17:00 en el Centro de Investigación
Educativa de Berazategui (Calle 14 nº5051 3º piso)
¿Por qué hemos de admirar una razón y una práctica
que nos ha empujado a la desesperación de no ser el centro
del Universo, a saber que en nuestro propio ser está inscripta
la marca de un ínfimo origen; que nos ha llevado a comprender
lo insignificante, en relación con la antigüedad de
la vida, de nuestra presencia en la Tierra y a tener la certeza
–tiempo más, tiempo menos– de nuestra extinción?
Tan significativa como incómoda esta pregunta ha sido negada
de manera persistente por una pedagogía que afirma promover
la reflexión y la autonomía intelectual de sus actores
con la misma fuerza con que las niega en su acción al apostar
al instrumentalismo didáctico y a la publicidad.
* Biólogo, egresado de la Universidad
de Buenos Aires. Profesor en diversas Universidades Nacionales y
Escuelas de Enseñanza Media. Director en publicaciones sobre
Ciencia, Tecnología y Educación. Coordinador de diferentes
programas relacionados con la enseñanza y el conocimiento
público de las ciencias. Conferencista, expositor y evaluador
en congresos nacionales e internacionales. Director de la revista
de ciencia “Nautilus” y de la colección "Los
libros del Nautilus". Coordinador del “Programa de Comunicación
y Reflexión Pública sobre la Ciencia”, Centro
Cultural Ricardo Rojas,UBA. Es autor, entre otras obras, de “El
Siglo Ausente – Manifiesto Sobre la Enseñanza de la
Ciencia”, del cual esta charla es un Postscriptum.
Seminario Permanente de Reflexión sobre
la Enseñanza de la Ciencia. Ciclo Perspectivas y retrospectivas:
Una historia de relatos cinematográficos
para reflexionar sobre cuestiones de la ciencia
Viernes 8 de abril a las 13:30hs
Escuela Número 3 de Burzaco
25 de mayo 876, Burzaco
La ciencia no es un estado dado del saber. Es una actividad sostenida
en un cierto cuerpo de conocimientos, en un determinado conjunto
de valores epistémicos, en un complejo entramado institucional,
en imaginarios históricos, en ejercicios de poder, en publicaciones
y en un vinculo social que excede a la comunidad de investigadores.
La actividad científica es, por lo tanto, una de las más
relevantes fuerzas sociales en el mundo actual que no puede ser
pensada por fuera de las tensiones ideológicas, los contrapuestos
valores simbólicos y los complejos intereses políticos
que pugnan en la sociedad.
Cuando se sostiene que la ciencia puede construir un saber objetivo,
se formula un planteo legítimo. Pero esto no significa que
quien desarrolla y enuncia ese conocimiento sea un metasujeto trascendente
y no los hombres sumergidos en las contingencias de la historia.
Por ello, la reclamada democratización del conocimiento,
y en particular la del conocimiento científico, no podrá
lograrse bajo la perspectiva alienante que, en nombre de esa objetividad,
niega el valor de la ciencia como una acto de la experiencia humana
y, por lo tanto, como un acto que puede ser compartido a través
de ciertos relatos y narraciones.
Perspectivas y retrospectivas es pues un ejercicio de la memoria,
de vínculos, de ideas e ideales sobre la ciencia propuesto
desde la vigencia de históricas realizaciones cinematográficas.
Primer encuentro
La física en el contexto de la Primera Guerra Mundial
Curso: Conocimiento público sobre la ciencia
Inicio: 26 de marzo de 2011
Duración: dos cuatrimestres (16 clases)
Frecuencia: quincenal
Duración de cada clase: 180 minutos, con
dos intervalos
Destinatarios: estudiantes universitarios y terciarios, profesionales,
periodistas, docentes y directivos de los niveles, primario, medio
y terciario.
Otorga puntaje docente
Inscripción: a partir del 3 de marzo de
2011, de lunes a viernes de 10 a 19hs, en Av. Corrientes 2040
Programa del curso (Bajar
archivo pdf)
Mas información: www.cursocienciarojas.blogspot.com
Contacto: divulgacion@rec.uba.ar
Docentes a cargo: Eduardo Wolovelsky, Rosana
Errasti.
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