EL VIAJE DE MIRNA
de Matías Feldman

Confundir a Jessica Lange con Angela Lange no parece ser gran cosa. Sin embargo es crucial.

La sumatoria de eventos sin importancia parece ser el contenido único de nuestro devenir.
Pensar que algo en esta vida puede llegar a ser sublime es un fiasco.
En este sentido los personajes de esta obra no son la excepción.

“El viaje de Mirna” es una gran excusa para dar vida a situaciones que me resultan atractivas:
por no ir hacia ningún lado, por no tener moralejas, por ser simples pero en proceso de complejización y sobre todas las cosas porque me son divertidas.

Ahora bien, ¿cómo se leerá una obra que fue escrita en función de la particularidad de unos actores, a partir de cierto proceso de creación y desde un deseo de puesta?

No sé.

El concepto de dramaturgia muta.
Ya no se encuentra lejos del ensayo, lejos de la prueba y el error, sino que convive con la actuación en un proceso simbiótico.
La dramaturgia es “puesta”, es “dirección” y es “actuación”. Por ende la lectura como texto literario es escueta.

¿Cuánta fruta se vende en los países tropicales?

Tampoco lo sé.

Lo que interesa es crear lenguaje.
Todo el tiempo.
Para ello, en este caso, la verosimilitud es crucial.
El extrañamiento funciona sí y sólo sí todo circula dentro del terreno de lo posible. Todo debe tener una “lógica”, una suerte de “coherencia” dentro de ese lenguaje creado, dentro de ese mundo inventado que se parece mucho a este.

Esta obra es simple, pero esa simplicidad, esa naturalidad con la que actúan los actores está en choque con el propio acontecimiento teatral y su inercia codificadora, y eso genera sentido.

Pensándolo bien. . . sí, es crucial cuánta fruta se vende y cuánta queda como consumo diario interno en los países tropicales, porque tal vez cuando nos lo preguntemos un huracán llega y nos mata. Y ese habrá sido nuestro último pensamiento.

La catástrofe es el elemento unificador en esta obra. Suplanta al argumento. Escapa a las voluntades, no es moral ni sublime, no le importa que digamos de ella ni tampoco como la llamemos.

Ojo que está haciendo mucho calor últimamente.

Matias Feldman