REPTILIS BALLARE
de Ariel Farace


Reptilis preguntas fragmentos ballare

“Merde”, gritaba Père Ubu en noviembre de 1896 frente a un atónito público parisino; y, a pesar de que iban a transcurrir unos cuantos años para que empezara a constituirse ese gran movimiento llamado "teatro contemporáneo" –si es que puede hablarse hoy de “constitución" y de "movimiento" sin caer en la inverosimilitud–, plantó la primera cizaña que iba a corroer las estructuras de toda la dramaturgia anterior ya indicar un rumbo más espinoso para la posterior. Pasaron ciento seis años de aquel grito, y todavía seguimos asombrándonos. Pero, ¿es el teatro lo que nos asombra? ¿Es el teatro lo que no comprendemos? ¿El teatro dinamitó la lógica de sentido? Si consideramos que el teatro occidental, desde los griegos hasta los realistas, se vio obligado a observar más allá de una mirada cotidiana, ingresando en realidades encubiertas para dar testimonio vivencial de un momento histórico, ¿testimonio de qué vivencia han intenta do dar los dramaturgos en el fatídico siglo XX? ¿Testimonio de qué vivencia podemos dar los dramaturgos en este preciso momento histórico? ¿y en la Argentina?
Para lograr el efecto mimético, esto es, crear un objeto artístico que, aunque original, pueda ser integrado a la naturaleza del receptor, el dramaturgo sólo puede manifestar su vivencia confusa de la existencia humana, su perplejidad frente aun sistema arbitrario de leyes que resulta imposible organizar valiéndose de un pensamiento lógico. Los polos elementales, entre ellos bien y mal, verdad y ficción, realidad e ilusión, orden y caos, bullen dialécticamente, difuminando límites. Como erinias que, vengándose del permanente e inevitable error unívoco, atravesaran la historia siendo coéforas en Esquilo, fantasmas en O'Neill, moscas en Sartre, un padre muerto en De Cecco, la Virgen del Cáncer de Pecho en Müller. La sed de los comienzos del teatro aparece reeditada y fortalecida; la sed de saber más allá del límite impuesto.
Es necesario abrirse al teatro contemporáneo, como es necesario expandir la percepción y la inteligencia para abrirse a la propia realidad. Resulta imprescindible dar por terminado el extensísimo ciclo de hipocresía victoriana, para atravesar de una vez el siglo XX y ser contemporáneo.
Escuchar a los dramaturgos. Su trabajo consiste en comprometerse con la realidad, para comunicarla. Si esa realidad nos disgusta debemos cambiarla, no darle la espalda.
El teatro contemporáneo es un teatro que mira su época de frente.
Reptilis ballare de Ariel Farace es teatro contemporáneo.

Marcelo Bertuccio
Buenos Aires, junio de 2002