CÓMO SE ESCRIBE UNA OBRA TEATRAL
Ignacio Apolo, Marcelo Bertuccio,
Tulio Stella
y Patricia Zangaro.
Coordinación y prólogo: Alejandro Tantanián


Introducción

La palabra y el círculo.
En el principio fue el silencio: primer aliento de la creación.
Del barro, materia fértil, surge el primer hombre. El Golem primigenio, la semilla de la raza y del lábil elemento, de aquel ser de barro, nace la palabra: entre los intersticios del silencio.
Lenta, segura, se va difundiendo por los pliegues del tiempo: un extraño instrumento, arma homicida del silencio.
Los arcanos del tiempo demuelen lentamente el peso de los siglos y alrededor de una pira sacrificial se agitan hombres bañados en sangre, atravesados por el grito, ofrendando su palabra a la divina procreación.
Uno de los oficiantes del rito se separa y dice. Nacen, entonces, los que escuchan.
Otros, más tarde, emulando a aquel que dijo, repetirán las palabras.
Y habrá uno que, alejándose nuevamente del grupo, cifrará sus letras sobre el papel.
La humanidad entera trabaja para condenar el silencio. Hoy, cuando las palabras se han gastado, hay algunos que en el exilio del papel, intentan pulir lentamente las roídas superficies del lenguaje, para entregar, con mano alzada, las mismas e idénticas palabras que aquellos hombres pronunciaron frente a la sangre derramada. El teatro se escribe sobre los cuerpos. Sobre las fauces húmedas del tiempo. El teatro se escribe con violencia sobre las cicatrices de la tierra. Y es en el teatro donde el círculo se cierra: tras el rito, tras la evocación del sacrificio, se abre el silencio: primer aliento de la creación.
Estos cuatro textos que estas palabras prologan aventuran preguntas (y algunas respuestas) alrededor de ese silencio. Pretensión vana, tal vez, ya que sabemos que todo lo escrito conoce el destino de los libros de Próspero: la pérdida y el naufragio.
Tal vez, por eso, el teatro.

Alejandro Tantanian