Maestros argentinos
Diana Aisenberg (compilación)

Dando por cierta la hipótesis que plantea en su ponencia Roberto Amigo sobre la inexistencia de la "escuela argentina" y considerando la escasa inscripción del arte argentino como entidad en la tradición occidental y el panorama internacional, encontramos que la educación artística y la apropiación de modelos que generen pertenencia pareciera establecerse a partir de vínculos privados difíciles de rastrear.
Abundan los ejemplos de artistas que abandonan las escuelas de arte porque no los satisface, incluso profesores desilusionados de los .alcances de la institución y una situación general que se ejemplifica claramente en la cita que Cristina Rossi toma de Siqueiros: "A los estudiantes de arte los encanan constantemente". Siempre al margen de la oficialidad, siempre en conflicto con la institución. Se genera una atomización de los canales de transmisión que, si bien son difíciles de rastrear, podrían significar un semillero de libertad. Relaciones afectivas, amistosas y personales pululan generando una red de células inconexas que funcionan por aislamiento o marcando diferencias. Los saberes se difuminan y los canales de transmisión se vuelven sutiles, subterráneos, a veces desconocidos. En un intento de encontrar las puntas y pilares de construcción de esta red, artistas, críticos e investigadores del arte argentino expusieron durante este ciclo sus experiencias personales y lecturas profesionales sobre individuos a los que se considera los Maestros argentinos. Se realizó una apreciación de las obras como bien cultural, como acción social y política, y de las vidas de los artistas como un aporte de patrones existenciales.
Participaron de este ciclo alumnos directos de maestros ya desaparecidos y profesionales especializados en individualidades históricas reconocidas como maestros o modelos. Las ponencias evidenciaron la complejidad del término “maestro”, revelando distintas versiones: vínculos, confesionales o no, que unen en profundidad a ciertos individuos que depositan su confianza en una figura exterior, tomada como factor común. La institución ofrece la opción de cristalizar mensajes y así impedir que estos se diluyan como el humo, reanimando el sentido que queda durmiendo en ciertos trazos.
Partimos de la relación de principio que une una memoria a un territorio y nos encontramos frente al enigma que consiste en la constitución de una herencia y la manera en que se elabora y perpetúa la información para llegar a constituir un territorio. Identificar a alguien como maestro implica ante todo un reconocimiento, una referencia y un diálogo que comienza, lo que hace nuestra condición mucho menos solitaria. Los maestros influencian, funcionan como ejemplo, son inolvidables por su intensidad, pueden transformarse en personajes de culto o ser ilustres desconocidos. Encarnan autoridad muchas veces a pesar de sí mismos, aunque lo más importante es que tienen discípulos, seguidores y estudiosos con los que participan de un vínculo sutil, difícil de precisar, conformando un intrincado capítulo en la historia del sentimiento. Unos y otros crean entre sí una disponibilidad que construye y constituye las posibles lecturas de nuestra historia del arte.
Se presentaron casos de maestros que nunca enseñaron y maestros junto a sus discípulos como Batlle Planas-Aizenberg o Berni-Piccoli. El texto sobre Aída Carballo fue presentado por la artista María Inés Tapia Vera, su discípula y asistente.
No todos recibieron la misma atención en vida. Schiavoni no ejerció la docencia ni la crítica. No tuvo cargos oficiales ni fue jurado de salones. En el texto de Roberto Amigo, el concepto de "maestro" aparece ligado a la idea de "escuela". Mario Gradowczyk, por ejemplo, presentó la preocupación de Xul por la arquitectura, en el contexto de su visión de mundo. Una visión de profundo contenido esotérico.

"Nunca quise ser maestro, y mucho menos en las academias", había dicho Del Prete. Cippolini lo presenta como el primer artista que, sin proponérselo, mediatizó su obra, al fotografiarla constantemente. Para Lino Spilimbergo la pintura es un documento viviente, un terrible compromiso con un mundo. La pintura fue su instrumento de intervención en esa realidad que precedió a la Segunda Guerra Mundial.
Maestros y artistas son eslabones en la cadena de transmisión del pensamiento. Existen maestros a quienes se los reconoce a través del tiempo y es en la recolección donde se construye una herencia. Hay reliquias sin recoger y restos amenazados de desaparición.
La pregunta que se evidencia es de qué manera somos capaces de elaborar y perpetuar la información para organizar un conjunto y solidificarlo, y si es que esto es necesario.
El libro concluye con una mesa de reflexión compartida sobre este concepto, con la gentil presencia de las teóricas Ana Longoni, Teresa Constantin y de los artistas Mónica Girón y Tulio de Sagastizábal.


Diana Aisenberg