LA ILUMINACIÓN ESCÉNICA
Ernesto Diz, Sandro Pujía, Eli Sirlin
y Gonzalo Córdova.
Coordinación y prólogo: Gonzalo Córdova


Prólogo

El papel del iluminador dentro del equipo de trabajo que realiza una obra de teatro hace su entrada recién comenzado el siglo XX. Desprendido su papel de la tarea del escenógrafo o del director, aún busca consolidarse como protagonista.
Su juventud en relación con los autores, directores, actores y escenógrafos hace que cada trabajo realizado sea importante en términos de historia. Así, la iluminación escénica se funda a cada instante y su versatilidad la ha puesto a la delantera en el desarrollo de las tecnologías teatrales. Si el problema del movimiento fue y sigue siendo uno de los grandes motores del arte escénico, es en la iluminación donde más se ha avanzado. En este tránsito, el iluminador reformula a diario su tarea.
La forma de aproximarnos al diseño es diversa y compleja; casi todos formados a través de la experiencia y el trabajo en común, fuimos desarrollando de manera para nada lineal nuestra visión del mundo. En esta trabajosa mezcla de teoría y práctica, se perfilan ideas que atraviesan múltiples disciplinas: desde el problema de la utilidad de la iluminación en los procesos fisiológicos hasta la conformación del pensamiento visual; desde una pedagogía basada en las artes plásticas hasta un encuentro con el espacio a la manera de las instalaciones; desde un planteo religioso y filosófico hasta operar con el inconsciente colectivo.
Las publicaciones técnicas sobre el tema de la iluminación en los espectáculos no tienen en cuenta ciertos factores que se transforman en fundamentales a la hora de tomar decisiones para un diseño. Estos libros dejan afuera los cuestionamientos subjetivos que rodean el trabajo del iluminador. ¿Por qué toma talo cual decisión? ¿Cuál es el espectador que espera? ¿Por qué siempre es el iluminador el último que entra en el proceso de creación de una obra? Tampoco colabora en este sentido la falta de información de los integrantes de los equipos de trabajo con respecto a qué es lo que puede dar un iluminador. No se dan cuenta de que el iluminador es el que decide cómo se va ver la obra y que esto incluye todos los cuestionamientos visuales e ideas preconcebidas que puede traer el espectador.
La búsqueda de soluciones y efectividad acotan el trabajo reflexivo a ciertos momentos excepcionales, seminarios, cursos, charlas, donde se puede apreciar lo poco que se comparte al respecto. La reflexión entonces viene desde afuera; está dictada por directores o intelectuales, estudiosos en quienes la iluminación queda relegada al lugar de signo o a lo sumo es comprendida como factor de comunicación.
Es grata entonces la posibilidad de contar en un libro nuestras ideas, una forma de compartir las dudas que durante el proceso de construcción de una obra se encuentran siempre a oscuras.
La clave que nos reúne en esta oportunidad es la diversidad de campos en los que trabajamos y la diferencia generacional y formativa. Un panorama que si bien es acotado –han quedado fuera de esta publicación otros iluminadores importantes–, pretende compartir, de manera clara y sin intención académica, aquella mirada previa con la cual nos situamos frente a la obra a iluminar. Las preguntas son múltiples y muchas veces contradictorias, las necesidades del espectáculo, entendiendo éste como un conjunto de relaciones entre el director, el espacio, los actores y el espectador, se revelan diferentes a cada momento. Si contamos también con el factor marketing y los sistemas de producción en los que nos hallamos inmersos, terminamos dándonos cuenta de que nuestra mirada carece de inocencia. El situarse frente al espectáculo nos enfrenta con un cuestionario difícil de responder.
Espero que estas herramientas sean útiles entonces para todos aquellos que quieran comenzar a indagar en el enorme campo de la iluminación escénica y para comprender mejor qué vemos cuando estamos frente a un escenario como espectadores.

Gonzalo Córdova