GOLPEANDO LAS PUERTAS DE LA TV.
CRÓNICAS DE LA FAMA REPENTINA
de Julián Gorodischer

Prólogo

Yo pertenezco a la primera generación que creció acompañada por la TV: casi no tengo recuerdos en los cuales ella no esté
presente, con su voz catódica y su borrosa imagen en blanco y negro, llena de fantasmas. Por ese entonces –era la segunda mitad de los cincuenta– nuestro televisor era el único aparato que había en la cuadra de mi casa. Nuestra terraza se distinguía de las demás porque tenía una antena. Después del colegio todos los chicos del vecindario venían a mi living a ver la tele: se armaba un cine de entre casa.
La TV moldeó la cultura del último medio siglo. Es decir: nos moldeó a nosotros, nos hizo irreconocibles para nuestros abuelos, que no se sentían fascinados por ella sino por la radio, esa pariente ciega. Cuando el hombre llegó a la luna en 1969, mi abuela se indignó porque estábamos frente a la pantalla con arrobamiento místico y aventurero, mirando el descenso de Neil Armstrong, sin percatamos, segÓn ella, de que era otra ficción de Hollywood. Para ella, en la tele todo era ficción. Para nosotros, ya entonces, todo era real. O mejor que real. Era la promesa (nunca cumplida del todo, y eso la hacía más eficaz) de que seríamos felices viéndola. Ese espíritu fabuloso de la televisión, eso que la define y la diferencia –su poder de enriquecer nuestra vida, de darnos tema de conversación, de ilustrarnos y confundirnos, de herirnos y sanarnos, de entusiasmarnos y enojarnos, todo rápido y en continuado, como en una fabulosa kermese sin fin– fue captado por Julián Gorodischer en este libro. Acá no se esconde nada: la TV es chancha, es grasa, es sensiblera, es brutal. Como nosotros. O como somos nosotros a la hora de ver la tele, a la hora de disfrutarla. (A veces en secreto, como ese personaje de Caro diario, la película de Nanni Moretti, que se la pasa despotricando contra la TV, pero que apenas se encuentra con un grupo de turistas norteamericanos le pregunta desesperado por la continuación de su serie favorita, ya que en los Estados Unidos están pasando la nueva temporada).
Estas Crónicas de la fama repentina presentan, de una manera verdaderamente divertida – y no encuentro mayor elogio para un escrito de investigación periodística que decir que es divertido–, una serie de personajes extraordinarios salidos del más ordinario de los mundos: el del fan de los famosos de la TV: El cronista se mueve entre esos freaks como el pez en el agua. Se mimetiza hasta tal punto con sus entrevistados que el lector puede llegar a preguntarse quién es más freak: la presidenta del fans club de Bandana o el propio cronista.
Pero Gorodischer se ha metido en la piel del otro sin perder la propia piel, transformándose así en un cronista de lujo, en un antropólogo cimarrón que recorre tribus y da cuenta de formas de vi- da que están allí nomás, en la puerta de un canal de TV o de un hotel de lujo, esperando durante horas que su ídolo –un ídolo que a veces no dura ni siquiera una temporada completa– les garabateé su firma en un papelito, les dedique un saludo o logren verle de cerca el sudor de la frente. Enamorado de su objeto, de esas barras bravas con glamour que son los fans club de los famosos de la TV; Gorodischer recrea desde adentro y con humor el mundo de los que saben vivir vicariamente: levantarse cada día de la cama para adorar a otro, tener fuerzas de salir a la calle para participar de su gloria, sufriendo sus reveses, olvidándose –al menos por un instante– de la carga insoportable de la propia vida.

Daniel Molina


PRENSA

Pagina/12 | 9/11/03
Suplemento Radar Libros

RESEÑA
ESCALERA A LA FAMA

Golpeando las puertas de la TV: crónicas de la fama repentina de Julián Gorodischer. Prólogo de Daniel Molina, Libros del Rojas, Buenos Aires, 2003,140 págs.

Por Cecilia Pavón

Un par de meses atrás, en un encuentro sobre Adorno, se hablaba sobre qué actitud tomar frente a los productos de la industria cultural. Un profesor universitario que estaba en el público, contestando a la pregunta de una investigadora del panel sobre si consumir o no “cultura basura” dijo “yo propongo que la consumamos, pero con culpa”. Esta culpa que, siguiendo a Andreas Huyssen, podría ser interpretada como miedo a la contaminación es muy común entre intelectuales que consideran que este tipo de producción cultural carga con la responsabilidad de embrutecer a las masas, y otras acciones viles. En Golpeando las puertas de la TV, primer libro de Julián Gorodischer (que como periodista se especializa en temas de televisión), no hay una mirada optimista frente a la cultura televisiva, pero tampoco encontramos ningún miedo a la contaminación sino todo lo contrario, un deseo por mezclarse y volverse uno con esos sujetos que consumen sin culpa y hasta con fe ciega esa “cultura basura”, y que además de consumirla sueñan con formar parte de ella. Como “un antropólogo cimarrón” –en palabras de Daniel Molina, autor del prólogo– Gorodischer se introduce en la vida cotidiana y las mentes de fans, aspirantes a bolos, participantes de paneles del público y postulantes a reality shows, y se mimetiza con sus historias y sus psiquis, desplegando una trama textual en la que por momentos, se hace difícil discernir las voces ajenas de la propia. En este sentido, no se trata de un libro de investigación periodística convencional sino más bien de un experimento de escritura, ya que el resultado se parece más a un largo poema de corriente de la conciencia que a un análisis frío o a la crónica de un observador distante.
Así, en el primer capítulo, recordando una anécdota de infancia en la que se ganó el desprecio de su madre por distraerse mirando a Margarito Tereré y arruinar su sillón preferido al volcar un vaso de gaseosa, deja claro que el sentimiento de fascinación, el hechizo lobotomizante provocado por la TV es un rasgo compartido entre él y sus conejitos de Indias: la presidenta gordita y fea del club de fans de Mambrú o una pareja con psicopatías evidentes que espera a los famosos en la puerta de un Canal para llenar sus libretas de autógrafos. Estos “informantes” aparecen retratados como seres socialmente disfuncionales, con psicologías border, sin empleo, con problemas familiares, y sin ningún otro sentido en sus vidas más que el de participar de un modo u otro de la fama milagrosa de la TV.
Pero el autor no se presenta como ajeno a estas patologías, una y otra vez desnuda su costado más escabrosos de cholulo cualquiera: él también se anotó en un programa de preguntas y respuestas y falló, él también se compara con los galanes de los posters cuando envidia el amor que le tienen las fans, él también inventó historias sobre extraterrestres para llegar a un estudio de televisión. Esta empatía es en cierto modo exigida al lector, ya que actores y programas de los últimos veinte años son introducidos en el relato con toda naturalidad como si no hiciera falta ninguna explicación por ser el saber televisivo. Quizás por eso, para quienes no crecieron mirando Jugate conmigo, Pelito o Clave de sol, el texto esté demasiado lleno de guiños generacionales y corra el riesgo de volverse opaco, aunque un aparato de notas intente reponer los referentes. (Por esta misma razón los de veintipico y los de treinta y pocos lo encontrarán cargado de reminiscencias). Más allá de estos detalles, Golpeando... se sostiene en su desafío: presentar en un formato textual experimental las subjetividades nacidas al calor de los últimos años de cultura televisiva, sin sacar conclusiones ni emitir juicios de valor sino abriendo un espacio para formular preguntas.

Clarín | 26/09/03
Suplemento Sí


LECTURA

Golpeando las puertas de la TV. Julián Godorischer un cronista involucrado con las historias de la repentina fama. Entre la realidad y la ficción y siguiendo de cerca a sus queridos freaks, husmea en la coal de un reality pop, se hace miembro de un fans club, revela la vida secreta del extra de Todo x 2 $...Imprescindible para descubrir qué pasa cuando los comunes se cuelan del otro lado de la pantalla.