DISONANCIAS DEL MODERNISMO
Por Gwen Kirkpatrick


Introducción

El punto de partida de este libro es un estudio de la poesía modernista de Leopoldo Lugones dentro de su contexto histórico y literario. Para la crítica, Lugones es una figura de difícil clasificación debido a la abundancia y a la diversidad de su obra y a los súbitos cambios en su posición ideológica y política. Pero el estudio de Lugones se vuelve fascinante precisamente en referencia a estos cambios y a su naturaleza contradictoria. Las claras asimetrías de sus trabajos dan a los lectores de hoy una clave para buscar las fisuras en la producción del modernismo. No sólo revelan las contradicciones existentes en la obra de este autor, sino que nos permiten ver sus semejanzas (menos obvias) con otros autores de su época y de generaciones posteriores. En la producción de Lugones se observa, desde sus primeros escritos de 1893, un impulso hacia la ruptura de los modelos heredados, tanto de la tradición poética como de las estructuras sociales. La combinación de temas inusuales con procedimientos técnicos innovadores convierte a la obra de Lugones en un campo de estudio especialmente fructífero, mientras que su orientación hacia el autoritarismo y su renuencia a abandonar el orden formal en la poesía revelan elementos que permiten estudiar una época de transición en la literatura. Los temas del voyeurismo, el fetichismo del lenguaje, y un análisis de la iconografía de la poesía modernista pueden servir como base para la exploración de los factores que convierten a Lugones en un verdadero precursor de lo que se podría denominar “la tendencia disonante” de la poesía hispanoamericana.

La obra de Lugones fue recibida con el elogio entusiasta de poetas como Rubén Darío, Amado Nervo, Ramón López Velarde y también César Vallejo. Más recientemente, Jorge Luis Borges señaló las paradojas y la importancia de su padre literario. Si bien en la década de 1920 el Borges ultraísta reprochaba la obstinada adhesión de Lugones a la rima, más tarde suavizó su crítica. Poniendo énfasis en el modelo poético de Quevedo antes que el de Góngora, Borges intenta destacar la habilidad del poeta argentino como artesano de la palabra, potencial generadora de ideas nuevas. Los ensayos de Borges y de otros autores demuestran el impacto que Lugones tuvo en las generaciones de poetas que lo sucedieron.
Este libro analiza —a partir de una investigación de la obra de Lugones—una subversión sutil surgida dentro de la poesía modernista y estudia a algunos de sus continuadores. Julio Herrera y Reissig, junto a otros poetas, cuestionaron la base misma de las convenciones de este movimiento. Podemos acceder a esa perspectiva si comparamos sus obras con la de otros poetas más recientes, como Ramón López Velarde, César Vallejo y Alfonsina Storni. Como innovadores del modernismo tardío, tanto Lugones como Herrera y Reissig insertan fragmentos coloquiales o ridículos en las estilizadas escenas modernistas y, lo que es aún más importante, llevan la imitación de sus modelos europeos (Albert Samain y Jules Laforgue) hasta la exaltación. Aunque esa tendencia a menudo fue considerada una imitación imperfecta antes que una innovación, este estudio intentará demostrar que por el contrario representa una resistencia o una subversión respecto de la tradición heredada de Europa.

La resistencia a modelos previos es un tema de especial importancia para explicar el curso de la poesía hispanoamericana posterior al modernismo. Puede ofrecernos un modo de reestructurar la noción de dependencia de este movimiento poético y demostrar un vínculo más directo entre sus obras y las de los vanguardistas. Al respecto, es importante señalar la apropiación por parte de Lugones de la obra de Laforgue. Si bien está claro que este último tuvo una profunda influencia sobre Lugones, los experimentos más radicales de Lunario sentimental (1909) se encuentran allí donde este menos le debe a Laforgue; donde se aventura hacia fronteras poéticas inexploradas en América latina, especialmente en lo que se relaciona a la descripción de la clase media urbana y a su imagen de la mujer moderna, que deja de ser la estática femme fatale para convertirse en una ciudadana de la clase trabajadora. La obra de Herrera y Reissig proporciona un ejemplo similar: toma las escenas pastoriles del estilo parnasiano y las sitúa en un rústico escenario de provincia, método que es también evidente en algunos poemas de Los crepúsculos del jardín (1905) de Lugones. En algún sentido ambos poetas llevan al extremo (y en consecuencia naturalizan) las convenciones heredadas de la poesía europea. Y al hacerlo transforman su base lingüística e ideológica.
A través del análisis de diversas imágenes visuales como las del mapa, las pinturas paisajísticas, la ciudad, y los adornos del cuerpo —utilizadas como metáforas para el análisis de los poemas— este libro mostrará de qué manera la recargada parafernalia sensorial del modernismo crea las brechas que darán lugar al surgimiento de producciones nuevas en la poesía hispanoamericana. El estudio de la transmisión y la transformación de los sistemas de signos, la parodia, la subversión y los “dispositivos negativos” (en palabras de Yuri Lotman) será el marco de análisis de estas imágenes visuales. Una combinación de métodos nos permitirá ver de qué modo los elementos temáticos —como el erotismo, los paisajes pastoriles y urbanos— se alejan de los esquemas poéticos convencionales. El quiebre de la sintaxis, la irrupción de lo ininteligible, el “misterio” presente en parte de la poesía modernista ulterior prefigura la obra de los vanguardistas. Si las estructuras externas tambalean —con los movimientos sociales y los cambios en el orden de las clases, el nuevo papel del escritor, las nuevas estructuras económicas producidas por la industrialización—, las estructuras poéticas como la métrica, la rima, etc. también evidencian un reordenamiento, que obliga asimismo a una mutación en el sujeto hablante de la poesía. Se observa la dispersión de la voz poética, la fragmentación del paisaje y una creciente experimentación en las convenciones de la rima, el ritmo y la métrica. Los conceptos de “voyeurismo” y “fetichismo” del lenguaje nos ayudarán a establecer de qué modo se crean estas subversiones lingüísticas. La desarticulación de la lógica y de la sintaxis se corresponde con el abandono de los antiguos modelos poéticos, lo que los vuelve aún más inquietantes para el lector de nuestros días, capaz de percibir la diferencia entre la poesía tradicional con la del modernismo. El papel del lector también debe ser tomado en cuenta para comprender las valoraciones cambiantes en el impacto de la poesía modernista.

Cualquier análisis del contexto histórico del modernismo debe estar atento a los grandes cambios ocurridos a fines del siglo XIX. Una selección de testimonios provenientes del medio literario —Rubén Darío, José Martí, Jaimes Freyre, Amado Nervo, así como también Lugones y Herrera y Reissig— arrojan luz sobre el modo en que ellos percibieron su papel de artistas en una sociedad cambiante. Además, las referencias a Baudelaire, Mallarmé, Whitman, Poe, y otros escritores extranjeros a quienes los modernistas tomaron como modelos, dan una idea de la rapidez de la transmisión de las innovaciones literarias.

El fin del siglo XIX presenció la caída del sueño de las jerarquías orgánicas dominantes, que había sido exaltado por el romanticismo junto al énfasis en lo individual y en la expresión turbulenta de la personalidad. En esencia, las tendencias oníricas del romanticismo eran difíciles de sostener en un contexto de rápida modernización y relativización de los valores. La visión mitopoética de la jerarquía orgánica resurge en forma fragmentada en la poesía modernista, y el retorno a las metáforas visuales del mapa, el paisaje, los contornos espaciales de la ciudad o los interiores nos ayudan a ver este proceso de dislocación. En el modernismo se percibe el creciente culto al objeto, especialmente en la reificación de la figura femenina y en la fascinación por las máquinas, incluso en una obra tan profundamente influida por el romanticismo como Las montañas del oro, de Lugones. En la matriz de fines del siglo XIX vemos a poetas como Lugones y Herrera y Reissig, que reafirman en su obra, a menudo con violencia, determinados elementos jerárquicos, sólo para desalentar sutilmente cualquier antigua aspiración de totalidad en la poesía misma. Con aparente ingenuidad enfrentan los modelos importados y locales, y abren un espacio para el juego y la experimentación en la poesía moderna, que fue convenientemente aprovechado por los poetas que los sucedieron. Ellos reestructuran la visión de la ciudad, de la mujer y de los entornos provincianos a través de la mirada de un yo poético que no exige demasiado a la estructura. Más tarde otros autores usarán los fragmentos dejados por estos últimos modernistas a modo de ladrillos para construir una lengua nueva —a menudo incoherente— que hace a la poesía hispanoamericana del siglo XX tan diferente de sus modelos anteriores.

Este libro intentará demostrar que el modernismo generó los cambios que habitualmente se adjudican a los mundonovistas —herederos más abiertamente políticos del modernismo— y a los vanguardistas. Si bien poetas como Lugones no teorizan explícitamente en su poesía sobre el sujeto hispanoamericano —aunque sí lo hagan abundantemente en su prosa—, las dislocaciones y las interrogaciones acerca de los materiales que ofrece la época se combinan para disolver los fundamentos mismos de la hipótesis de la dependencia europea de la poesía modernista hispanoamericana.