CONTRA LA PARED SOBRE GRAFFITIS, PINTADAS Y OTRAS INTERVENCIONES URBANAS
de Claudia Kozak


Prólogo

Parece ya demasiado clásico –y en el peor de los casos remanido– comenzar un libro sobre la ciudad o, más bien, sobre la ciudad y el lenguaje, citando palabras de Italo Calvino en Las ciudades invisibles y sin embargo, a riesgo de repetición, nada tan apropiado. Aun cuando en apariencia, rozando la superficie, pensar la ciudad no implica necesariamente pensar el lenguaje, una conexión íntima, potente, se instala entre el vivir y el decir de estas ciudades de entre siglo atestadas de palabras poco leídas e imágenes que se imponen al ojo y a la vez pasan inadvertidas.

El automovilista mira con ojos nublados todo lo que no sea promesa de un avance más rápido. Transeúntes y usuarios del transporte público son sólo pasajeros para quienes la ciudad y sus palabras se presentan por lo general como obstáculo. Cómo no desear en tales ocasiones estar siempre en otro lado.
Pero hay palabras: agresivas, sutiles, inocentes. Defe puto. Ojos-poesía-veneno. Caro: te quiero. Palabras que en conjunto rastrillan la capa más visible, y quizá menos leída, de la ciudad. La erizan, en fin. Los surcos así trazados, ligados a la memoria, a los sentidos y a los deseos, brotan al ras y se ofrecen para ser explorados aunque formen parte de paisajes urbanos que, de tan naturalizados, ya casi no significan.
Todo comienza –para mí– con un vago impulso que dirige la mirada hacia la pared. Graffitis, pintadas, murales y otras intervenciones visuales –al margen de las señales de tránsito y de la gráfica publicitaria que en este punto hacen ruido en relación con mis intereses– se descubren como poderosos lenguajes que hablan en silencio pero con insistencia. Lenguajes empecinados, saturados, a los que no siempre se presta ojos más allá de la rápida mirada distraída, no involucrada.
¿Y por qué involucrarse? Inevitablemente vuelvo una y otra vez la mirada hacia la pared como si me estuviera destinada. y sé que no es así. En muchos casos, incluso, las inscripciones en las paredes pretenden sustraerse a la interpretación bastarda del no iniciado. Llevan sus destinatarios atados y por eso me excluyen. Razón demás para que les niegue mi exclusión. Al parecer, también me empecino. No existe la lectura desinteresada por lo que la mirada que les dedico no pretende sólo dar testimonio o relevar un "fenómeno".
Con palabras, rastros, vestigios de historias, imprecaciones y cualquier otro material que me ha salido al paso durante ya más de quince años desde las paredes de la ciudad de Buenos Aires, sus entornos y en ocasiones algunas otras ciudades argentinas y latinoamericanas, fui construyendo ciertos trazados que me son significativos. No otra cosa es la lectura.
Porque de eso se trata. De la lectura. Asombra constatar lo poco que se lee la superficie de la ciudad en el día a día de nuestro tránsito urbano. Lo que remite, directamente, aun extendido embotamiento de los sentidos por sobre exposición. Hace un siglo, a principios del XX, Georg Simmel reflexionaba acerca de la indolencia, embotamiento o anestesia de los sentidos que, como mecanismo de defensa, producía la exacerbación de la vida nerviosa en los habitantes de las grandes urbes cosmopolitas. y relacionaba ese retraimiento del carácter, esa indiferencia -supremacía de una racionalidad abstracta por sobre la vivencia- con la nivelación también abstracta del intercambio monetario en el capitalismo.
Los sentidos se aplacan, anestesiados, porque del territorio lo único que importa es el pasaje que permite llegar. Donde sea. Sólo llegar. Pasaje con destino fijo que frena otros modos de la experiencia en tránsito. Se impone así sobre nuestros pasos la idea del traslado; y se evita en consecuencia que los imaginemos como modulaciones de un viaje. Lo que implicaría, en caso de que pudiéramos desbordar esos frenos, que finalmente llegara a importarnos más la que sucede en el medio que el destino fijado.
Porque existe, sin embargo, la lectura de eso que está allí en el medio de nuestros viajes. La superficie urbana, en todas sus materias, es obviamente legible. Edificios, calles, aglomeraciones, vehículos, carteles, colores. De esa superficie rescato sobre todo ciertos usos de las palabras y de las imágenes cifrados en graffitis y pintadas que intervienen en el territorio organizando saberes, dándole sentidos, trazando fronteras. Detenerse en la letra urbana, recorrer la superficie tatuada de la ciudad permite descubrir esos sentidos, definir el grosor preciso de esas fronteras, considerar su relación con los modos de constituirnos como sujetos de un espacio y hasta leer la segmentación social al uso en lo que fue el siglo que hace poco ha terminado y es hoy nuestro presente. Implica, además, quebrar la mirada apaciguada que se complace en su propia indolencia.

Extrañar la mirada frente a aquello que nos resulta familiar siempre ha sido una buena manera de entrar en la lectura. En este caso, una enorme masa de palabras, dibujos y signos muchas veces difíciles de decodificar asedian alojo en el momento mismo en que nos decidimos a leer. y si en gran medida esa masa a veces abigarrada, a veces dispersa intersecta los sentidos de la ciudad, la lectura se sobreimprime a estos cruces sesgando a su vez los mapas.

Una lectura que, por otra parte, no podrá desprenderse de la coyuntura específica del presente. Aunque todo este material haya estado a la espera de ser reunido bajo una mirada durante un buena cantidad de tiempo -en el que fui construyendo retazos del conjunto-, me he encontrado durante los pasados dos o tres años frente a cierta renovación de los modos de estar en la calle que dio actualidad a mis preocupaciones, Pero leer en las paredes, entre otras tantas cosas, el rastro dejado por marchas, asambleas barriales, piquetes o cacerolazos del pasado reciente no implicará solamente ponerse al día con las circunstancias, sino más bien pensar qué sentidos eligió cada época para sus consignas y sus modos de intervenir políticamente la propia ciudad, con su carga de proyectos y también sus frustraciones.
En lo que sigue, presento entonces algunos trazados que me han permitido leer la ciudad, y no sólo en sentido figurado. En muchos casos, sus mojones y sus postas provienen de mis propios derroteros; en algunos otros surgen de materiales que otras personas han encontrado en sus caminos y que ofrecieron en distinto tipo de publicaciones, comentarios o relevamientos. A todas ellas, mi agradecimiento. y en particular a: Lelia Gándara, Tamara Domerlech, Emilio Petersen, Irene Rajczyk, Román Mazzilli, Gustavo Varela, Rubén Bagliani (ex La Morza), Alejandro Almada, Oscar Brahim, Alfredo Segatori, Federico González, Juan Oliva, Lorena Bossi (del GAC), Nancy Garín y Cristian Forte (de Etcétera), el CeDinCi, Brujo y Jazz. Y a la gente del Rojas.
Doy lugar así a estos recorridos; en definitiva y en su conjunto, puede que sólo sean respuestas que la ciudad ofrece a mis preguntas o preguntas que me obligan a responder.
En todo caso, esperaría que justifiquen pensar algunas parcelas de nuestra geografía urbana, todavía, como tramas de ese tipo de ciudades que siguen dando forma a los deseos.

PRENSA

Página 12 | 6/02/05

Suplemento Radar Libros
Libros temáticos. Hoy: sociología
Por Martín De Ambrosio
Contra la pared. Sobre graffitis, pintadas y otras intervenciones urbanas
Claudia Kozak
Libros del Rojas
262 páginas

Aunque uno –después de tanto bombardeo semiótico– no lo tenga demasiado presente, la ciudad está llena de inscripciones. Pintadas políticas, amorosas, futbolísticas, literarias, estencils (desde el “Hello Kirchner” debajo del dibujito de Hello Kitty que apareció después de mayo de 2003 hasta el “ILoveNY”, donde “love” en vez de un corazón es una bomba), bandas de rock, entre otros etcéteras varios –para no hablar de los hermosos poemas que albergan algunos baños públicos– forman parte desde hace ya rato del paisaje urbano. La ciudad está llena de palabras, aunque parezca extraño en medio del excesivo iconismo y el predominio absolutistade la imagen. Este libro de Claudia Kozak (doctora en Letras y docente de la UBA) funciona como excelente compilación de las más ingeniosas frases ciudadanas. Pero también tiene su complemento teórico que dirige la mirada, en lo que hace, por ejemplo, a la especificidad de una subcultura “joven”, en tanto categoría independiente del resto de los grupos y los actores sociales.