HOY LAS CIENCIAS ADELANTAN QUE ES UNA BARBARIDAD
Diego Golombek y Martín de Ambrosio (compiladores)

Prólogo

No se sabe bien por qué. Tal vez sea porque no lo consideran prudente o porque se corre el riesgo de perder prestigio entre colegas o algo de precisión o rigor en los conceptos expuestos. Lo cierto es que no está bien visto por muchos científicos hacer lo que habitualmente se llama divulgación científica y que puede tener un nombre más amable —por ejemplo “difusión” o “comunicación” científica— ya que “divulgación”, se sabe, tiene una dudosa etimología (algo así como “llevar al vulgo”). Por suerte, todavía quedan muchos de ellos que aceptan a pesar de esto, el desafío de comunicar sus investigaciones a los profanos.

Por eso, desde el Área de Ciencias del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires intentamos ser algo así como un vínculo entre los científicos que sienten el cosquilleo de dirigirse a todos y un público que todavía tiene ganas de saber cómo es el mundo allá afuera, y en qué andan los profesionales del conocimiento.

Así, palabras más, palabras menos, nació “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, como parte de un plan general de la Secretaría de Extensión de la UBA que intenta mostrar el conocimiento que se genera en la Universidad (y que incluyó, entre otras actividades, el primer Festival Buenos Aires Piensa, realizado en noviembre de 2004 en forma conjunta con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires). Durante 2004 se realizaron más de treinta charlas, en un rito semanal que acercó a científicos y público al imponente edificio de la Sociedad Científica Argentina, una institución ideal para realizar este tipo de emprendimientos, ya que nació en 1872, gracias al entusiasmo de los jóvenes progresistas de entonces por fomentar “especialmente el estudio de las ciencias matemáticas, físicas y naturales, con sus aplicaciones a las artes, a la industria y a las necesidades de la vida social”. ¿Qué mejor entonces que honrar sus sueños con un ciclo de charlas de ciencia aptas para todo público? Por ese histórico edificio pasaron socios ilustres como Albert Einstein o César Milstein, y hasta se recuerda una conferencia que diera Domingo F. Sarmiento en ocasión de la muerte de Charles Darwin.

Dada la variedad de temas y la calidad de los expositores, se nos ocurrió que no sería del todo ilícito compilar las conferencias, con el fin de agregar un nuevo libro al mundo. Y solicitamos a los científicos-charlistas que escribieran un breve capítulo desarrollando la charla que oportunamente ofrecieron. Bueno es aclarar que no se trata aquí de una desgrabación, sino que los artículos tienen el valor agregado de poder estimar la prosa de los científicos-escribas. Como muchos de los científicos que fueron a la Sociedad Científica Argentina ya tenían proyectos editoriales propios o habían publicado sus trabajos en los que basaron sus respectivas charlas, no todos aceptaron la invitación de sumarse a la iniciativa. De todos modos, más de la mitad aceptó el convite y nos dispensaron su tiempo y sus ideas para seguir contando y compartiendo experimentos, hallazgos y asombros.
El ciclo nos regaló algunas sorpresas. Para empezar, la increíble expectativa que despertaron en los concurrentes las charlas sobre matemáticas, que al principio programamos con alguna timidez (dado el prejuicio popular que existe contra esta bella ciencia) y que luego aseguró una asistencia que excedía el promedio general de los encuentros. Otra de las características del ciclo fue su deliberado eclecticismo: pese a lo que su título podía sugerir, no quisimos limitarnos exclusivamente a las ciencias duras. De modo que por él pasaron desde astrónomos a historiadores, y desde físicos a psicólogos, por no nombrar a biólogos, geólogos, economistas, médicos, etc. También nos animamos a una charla del músico Sergio Siminovich, que lejos de ser sólo una conferencia más, fue un relato de sus años de experiencia como director de un centro musical en Italia, que demostró que simplemente con un gran entusiasmo se puede aportar a la ciencia y al conocimiento.

Pero más allá de sus temas específicos, otro aspecto esencial del ciclo fue la calidad, no sólo de los oradores, sino de un público, fiel y ávido de compartir conocimientos. Estas charlas semanales congregaron a un grupo de habitués que, junto con quienes se acercaban especialmente a una u otra charla, escuchaba, preguntaba, discrepaba y discutía. En otras palabras, formaba parte de una de las características principales de la ciencia: comunicar los hallazgos y permitir su discusión amplia y abierta, con el fin de encontrar fallas y elogiar los éxitos.
Otra derivación del ciclo fueron las notas que se hicieron en los medios después de las conferencias. Fue como si la estricta difusión de las charlas, con sus respectivos títulos y expositores, recordara a los periodistas que todavía hay científicos argentinos que realizan investigación. Esto fue generando una extraña retroalimentación de las charlas, que despertó interés en los temas tratados, entrevistas a los expositores... En fin, un pequeño universo en el que la difusión de las ciencias tiene un papel preponderante.
La entropía, como se sabe, se encuentra en continuo aumento. El desorden de las diversas disciplinas científicas (y el de nuestro ciclo de charlas) no es ajeno a ella. Para mantener un mínimo de racionalidad hemos clasificado las charlas presentadas en este libro de acuerdo a sus características comunes, prescindiendo de cualquier superstición cronológica.

La primera sección se titula “Animales en la Sociedad Científica” y contiene el artículo de Raúl Alzogaray (“Cuando los piojos vienen marchando”), más los aportes de Paula Courtalon (“Un día de campo: roedores y hantavirus”), de Fabiana Lo Nostro y Graciela Guerrero (“El sexo bajo el agua: hermafroditismo y otros secretos de los peces”), de H. Luis Cappozzo (“Lobos marinos y delfines: una historia de sal”) y de Sebastián Apesteguía (“Dinosaurios: sur, meteorito y después”).

En la segunda sección, “Ciencia de un lado a otro”, Adriana Schnek (en “Viajeros en la historia de la biología”) cuenta cómo se pueden abordar los múltiples viajes de los Humboldt, los Darwin y los d’Orbigny, y qué tiene que ver la historia de la biología con la historia de los imperios. La sección se completa con el bello artículo de José Dadon (“Turistas como granos de arena: procesos naturales y proyectos urbanos para las playas argentinas”), imperdible para los que alguna vez han pasado una temporada en la costa bonaerense y quieren conocer sus mejores secretos.
La tercera sección se titula “Ciencia de todos los días”. Incluye el artículo de Diego Faccone y Paulo Maffia (“La necesidad del ADN soplón”) en donde se reconstruye el valor social del misterioso material genético. Además, se suma el artículo que escribieron Juan María Delfino y Pablo Schwarzbaum (“Construcción de un horno solar parabólico”); el de Milton Hourcade (“Sobre cosas que se pueden ver en el cielo”, un racconto de elementos voladores, con mucho de historia de la aviación); y el de Sergio Siminovich (“En el principio era el deleite: los amateurs en la ciencia”).

La cuarta sección, “Si quieres conocer ideas nuevas... lee libros viejos”, contiene la extraordinaria historia del alejandrino Eratóstenes, que dos mil quinientos años atrás, mucho antes de los satélites artificiales, logró medir la circunferencia de nuestro planeta (“Medir el universo con un palo: de Eratóstenes a la actualidad”, de Roberto Etchenique); el artículo de Luis R. González (“Los bronces sagrados: la metalurgia prehispánica del noroeste argentino”); y el de José Sellés-Martínez, que se titula “Todos tenían razón, pero también estaban equivocados: cómo se construyó la Teoría de la Tectónica Global (y cómo se construyen todas las teorías científicas)”.
Para la quinta y última sección, “Ciencia y arte de la matemática”, volvimos a la madre de todas las ciencias. Allí, Leopoldo Kulesz escribió sobre ciertas taras de la enseñanza de la matemática ( “Aportes recientes de la matemática y su incidencia en la educación”). Al artículo de Leonard Echagüe (“De cometas, puentes colgantes, tiros de cañón y ruedas. Las cónicas y sus dos milenios de historia”), debido a su profusión de gráficos, se puede acceder sólo en la página web del Centro Cultural Rojas: www.rojas.uba.ar/publicaciones/ciencia
Al cierre de la edición de este libro, el ciclo “Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad” comenzó a transitar su segundo año. Las ciencias siguen adelantando. ¡Qué barbaridad!


Diego Golombek y Martín De Ambrosio