BREVE HISTORIA DEL DIBUJO ANIMADO EN LA ARGENTINA

Raúl Manrupe

Prólogo

“Usted no puede poner a Chaplin dentro de una botella de leche”.
Tex Avery

Cuando el Centro Cultural Ricardo Rojas me convocó para dictar un seminario sobre Historia del Cine de Animación en la Argentina, me alegré y me preocupé. Por un lado, me permitiría tomar contacto con el público, hablando de una materia que siempre me atrajo y apasionó. Por el otro, se trataba de sumar mi aporte a un tema que, salvo casos aislados que se verán a lo largo del texto, está falto de historiadores y, por tanto, de una historia escrita.

Cuando se decidió que ese seminario tuviera continuación y testimonio en un libro, el desafío ya tuvo como meta la letra impresa.
Puesto a la tarea de ordenar el material relevado, lo primero que me llamó la atención fue el poco conocimiento que se tiene fronteras afuera de nuestro dibujo animado. Si el cine argentino tiene su lugar dentro de la historia universal como materia de estudio y por su parte, la historieta nacional también tiene un capítulo de importancia en la saga del comic mundial, no ocurre lo mismo con el cine de animación local.

Investigando los motivos de un porqué, llegamos a la conclusión casi curiosa de que podemos distinguir tres períodos claramente diferenciados en cuanto a trascendencia. En primer lugar, encontramos una piedra basal de importancia y curiosidad como las películas pioneras de Quirino Cristiani.

A esta belle époque criolla le sigue una caída posterior, coincidente con la decadencia del apogeo conservador del primer tercio del siglo pasado; período éste caracterizado por luchas particulares más o menos anónimas, de guerras peleadas contra la falta de medios, la inaccesibilidad de tecnologías de avanzada y la falta de difusión o continuidad de lo que podríamos llamar la obra particular de cada creador. En esta categoría podrá ser ubicado tanto un empresario exitoso como Manuel García Ferré, así como el más ignorado de los realizadores independientes en Super 8. De un modo u otro, es un lapso por lo general ignorado de fronteras hacia fuera y que abarca nada menos que unos cuarenta anos o más de la historia.

El tercer período es el que comienza en 1999, cuando la aparición de nuevas tecnologías, sumada a una conveniente realidad cambiaria, posibilitan un cierto auge del largometraje animado. Además facilitan la aparición de decenas de creadores que, con mayor o menor éxito, probarán la fortuna de expresarse con un dibujo animado, ocupando el sitio que en los ochenta y mitad de los noventa pudo ser ocupado por la historieta, el fanzine o revista de tirada limitada. En este entorno conviven una Manuelita éxito en boleterías, un Mercano ganador de premios internacionales y una cantidad incontable e inclasificable de cortos, muchas veces de no más de un par de minutos, que circulan por la web y en algún que otro festival, generalmente poco o nada mencionado por los medios de información general o de cine en particular.

Esta es una breve historia que busca rescatar algunos de los nombres de una legión por lo general anónima y siempre apasionada, y sus suenos.

La metodología elegida fue el relato cronológico, intercalando algunos testimonios de protagonistas y tratando de ubicar la realidad local dentro del contexto internacional, sea desde el punto de vista estético, comercial o cinematográfico. Dada la brevedad del texto, lo consideramos un punto de partida para futuras investigaciones. A efectos de brindar un panorama más claro y funcional al lector, se incluye al final del texto una cronología comparada de nuestro país y el resto del Mundo, en la que en lo posible se han tratado de respetar los títulos de estreno en la Argentina.

Si el cine es ilusión, el cine de animación es lo imposible hecho realidad delante de nuestros ojos. Es un tópico decir que animar es dar vida. En este prólogo también prefiero tomar la otra acepción de la palabra, la que habla de dar ánimos. La mayoría de los creadores citados en esta obra lucharon para, en muchos casos, no ver ni proyectado en una sala de cine el producto de meses o anos de sacrificios. Muchos son casi anónimos para el cine y su historia. En honor a la persistencia de sus utopías muchas veces solitarias y sus pequenos seres creados, se escribió este libro.

Raúl Manrupe.


PRENSA


Página
12 | 2/01/05
Suplemento Radar

DESPUÉS DE AÑOS DE INDIFERENCIA Y DESIDIA, EL CINE DE ANIMACIÓN ARGENTINO TIENE SU PRIMERA HISTORIA RAZONADA Y SISTEMÁTICA.
Cosha golda

Por Mariano Kairuz

La bibliografía sobre el dibujo animado argentino se parece mucho a lo que fue la producción del género a lo largo de casi 110 años de historia del cine: insuficiente y dispersa. El país donde se realzó el que se considera el primer largometraje de animación de la historia (El apóstol, de 1917, una parodia sobre Hipólito Yrigoyen urdida por el inmigrante Quirino Cristiani junto a otro pionero del cine criollo, Federico Valle, como productor) casi no produjo largometrajes animados hasta fines de los 90. A su vez, si esa primera etapa --cuyo material desapareció prácticamente íntegro-- está considerablemente documentada den el primer volumen de la historia del cine nacional del Domingo Di Núbila, en cuanto al resto sólo existen unas cuantas notas sueltas de diairos y resvistas (alguna de las cuales pueden consultarse en el Museo del Cine), las eventuales reseñas de los estrenos de García ferré, un dossier sobre animación rioplatense publicado a mediados de los 90 por la revista Film, y un poco más.

Así las cosas, la flamente Breve historia del dibujo animado en la Argentina de Raúl Manrupe es un aporte invalorable para los interesados en el tema: el primer intento serio de sistematización de una historia que parecía haber sido engullida por un agujero negro. Envalentonado por un seminario al que lo convocó hace un año y medio el Centro Cultural Rojas, Marupe (creativo publicitario, coautor de un diccionario de films argentinos y colaborador de varias revistas locales sobre cine) se decidió a darle constancia a una cronología hasta ahora llena de lagunas, atinó a periodizarla en tres etapas, puntualizó en su recorrido transformaciones tecnológicas (hay un apartado dedicado a la animación de muñecos) y conceptuales, contextualizó personajes y desplegó los cruces entre animación y el humor gráfico, las experiencias vanguardistas, los desarrollos comerciales (el auge de la animación publicitaria), las incursiones televisivas, los proyectos fustrados y la extraña, fugaz resurrección "industrial del largometraje de hace un lustro, cuando empezó a convivir con la animación hogareña producida en flash.

"Los dibujitos animados son sinónimo de libertad y transgresión", sostiene Manrupe. Pero aclara enseguida: "Los buenos dibujos animados". En ese sentido, ya la luz del éxito del reciente y promocionadísimo Paturuzito, agrega que la animación nacional arrastra dos grandes deudas con su público: "Una es estética, la otra conceptual. Pero ambas se unen en esas películas quue se hacen demasiado rápido, sólo para llegar a tiempo para las vacaciones de invierno, con coas mal terminadas y personajes descuidados, y fatalmente destinadas a chicos muy chiquitos". Demasiados límites para un género que tiene un vasto horizonte de posibilidades por delante.

Breve historia del dibujo animado en la Argentina, de Raúl Manrupe, Buenos Aires, Libros del Rojas, 2004. se consigue por ahora en el sitio www.leedor.com, y en la sede del rojas. A partir de febrero, la editorial Eudeba le dará una distribución más amplia.

La Nación | 11/03/05
Criaturas animadas descontrolan la vitrina
Por Martín Wain

La animación gana espacio en una de las secciones festivaleras dedicadas al cine nacional
Hay cortos en competencia y un recorrido por la historia del género en el país
También, un documental de Rodríguez Jáuregui

Dos de las tres películas más vistas durante 2004 fueron animaciones: "Shrek 2" (1») y "Patoruzito" (3»). En el noveno lugar quedó "Los increíbles", que sumó más de un millón de espectadores y sigue en algunas salas. "Las trillizas de Belleville" no "rankeó" muy alto, pero fue de las más aplaudidas. Para todos los gustos y, sobre todo, para todas las edades. La animación suma seguidores a medida que no apunta sólo al público infantil. En producciones nacionales, "Mercano, el marciano" trajo nuevos aires. Pero el género lleva en el país un largo recorrido, como se registra en el libro "Breve historia del dibujo animado en la Argentina", de Raúl Manrupe (editado por el C. C. Rojas), que se presenta en el Festival de Mar del Plata de una manera poco usual, con un "reel" (montaje con fragmentos de películas) que permitirá conocer gran parte de su historia en el país. El lanzamiento se hará en el marco de la sección Vitrina Argentina y contará también con la proyección de "¿Conoce usted el mundo animado de Bras?", un documental de Pablo Rodríguez Jáuregui, sobre el rosarino Luis Bras. "La animación en la Argentina está atravesando ahora uno de sus mejores momentos", opina Diego Trerotola, programador junto con Gregorio Anchou de la "vitrina" nacional, donde se abrirá por primera vez un espacio exclusivo para este formato, con nueve cortos nacionales en competencia.

Cuando en diciembre último se realizó "La noche del cortometraje", con "lo mejor del año", y ganó por segundo año consecutivo una animación, quedó en claro que también va ganando espacio este género entre los nuevos realizadores. El premio fue para "Viaje a Marte", de Juan José Zaramella, film que se podrá ver en Mar del Plata (el director había ganado el mismo premio en 2003, con "El guante"). Otro corto que estará en el encuentro costero es "Gorgonas", una joyita de terror dirigida por Salvador Sanz, uno de los muchos historietistas que se fueron volcando al cine de animación a medida que se cerraban las revistas y fanzines. La Secta, Malcriados y El Sótano son sólo algunas de las productoras con el mismo origen de comic.

La Nación | 13/05/05
Mil dibujos, una historia

El primer largometraje animado en el mundo se llamó "El apóstol" y fue realizado en la Argentina. Su autor, Quirino Cristiani, nació en Italia en 1896; llegó a Buenos Aires a los 4 años; patentó en 1917 un sistema de animación con cartón, y ese mismo año estrenó el largo, junto con su socio Federico Valle. Con semejante antecedente (entre otros), sorprende que exista un registro tan escaso de esta disciplina en el país. Pero a partir de esfuerzos independientes, el material se recopila y la información empieza a ordenarse. El libro "Breve historia del dibujo animado en la Argentina", de Raúl Manrupe (editado por el Centro Cultural Rojas), recorre ocho décadas repletas de altos, bajos, tiempos muertos y épocas de auge, como la actual. La recopilación abarca desde grandes hitos, personajes y realizadores hasta el heterogéneo boom en Internet.