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Solidarios pero “interesados”

Texto: Irene Wais de Badgen

Muchos hongos producen compuestos químicos especiales. Los fabrican con el fin de evitar el crecimiento de bacterias que les resultan perjudiciales. Estas sustancias son los antibióticos. La primera que llamó la atención de los científicos fue la penicilina, denominada así porque los microbios que la elaboran son las especies del hongo Penicillium. Este antibiótico fue descubierto por casualidad cuando Alexander Fleming, un médico escocés, estaba trabajando en su laboratorio un templado día de 1928.

El doctor Fleming estudiaba algunas enfermedades producidas por bacterias. Las cultivaba en pequeñas cajas cilíndricas de vidrio que se fabrican con el fin de colocar en ellas medios ricos en nutrientes para que proliferen con el tiempo unidades formadoras de colonias bacterianas.

En un momento notó que todos los cultivos que “sembraba” crecían, excepto uno. Cuando miró al microscopio una muestra para observar qué ocurría, vio con gran sorpresa microbios con aspecto de minúsculos plumeros. Se dio cuenta de que era un hongo contaminante que se había “colado” en ese cultivo y no dejaba que otras especies se reprodujeran. Supuso que esto sólo sería posible si el hongo liberaba alguna sustancia dañina para las bacterias, y la llamó penicilina.

Utilizada por primera vez para curar una enfermedad en seres humanos en 1941, dio comienzo a lo que se conoce hasta el presente como la era de los antibióticos, y permitieron controlar una enorme cantidad de infecciones producidas por bacterias.

El éxito obtenido con el uso de la penicilina para curar numerosos males fue tan grande que llevó a los investigadores a una intensa búsqueda de otros antibióticos. Los especialistas pudieron comprobar que muchas especies de hongos los fabrican con diferentes componentes, y que no todos pueden ser utilizados en los humanos porque algunos son tóxicos. Sin embargo, otros son tan útiles y efectivos como la penicilina. Un ejemplo es un antibiótico descubierto al poco tiempo, producido por varias especies del hongo Streptomyces. Los científicos lo llamaron estreptomicina.

Así, Penicillium. Streptomyces permitieron curar enfermedades que antes solían ser mortales. Esta “solidaridad” para con nosotros es sólo accidental y fortuita. Esos hongos están “interesados” en producir antibióticos para sí mismos, con el fin de frenar el crecimiento de bacterias, también dañinas  para ellos. 

Hoy existen ya muchos antibióticos conocidos y su mayoría son fabricados sintéticamente por los laboratorios imitando las moléculas biológicas que los originaron a lo largo de la evolución de los seres vivos.

Imagen obtenida de http://www.uoguelph.ca/~gbarron/MISCELLANEOUS/penici2.jpg


Microbios por todas partes

Texto: Irene Wais de Badgen

El invento del microscopio permitió a los investigadores descubrir un mundo nuevo de seres extremadamente pequeños que nos rodean todo el tiempo. Hay microbios en el suelo, en el aire, en el agua y en los alimentos. También podemos encontrarlos fuera de los animales, en sus pelos o sus plumas. O dentro suyo, en el tubo digestivo. Y de todos nosotros, desde la piel hasta el intestino. Las plantas suelen albergarlos en la cubierta exterior y también en su interior. En el llamado “polvo de habitación” existen muchos microbios, aunque limpiemos casas y departamentos. Asimismo, habitan muchos otros lugares. Es más, no existe prácticamente nada que no los contenga en la Tierra.

Cuando nos referimos a los hongos con frecuencia pensamos en los “de sombrero” o setas. Es que los hemos visto desde niños en las páginas de más de un libro infantil, donde constituyen la supuesta casa de algún duende u otro personaje de cuentos de hadas. A ese protagonista fantástico de espíritu travieso que habita grandes hongos en los bosques de las historias pueriles de ficción se lo suele representar en forma de hombre mayor bajito, de chico o de enano en una pequeña puerta... Sin embargo, no son ésos los únicos hongos. También lo son los mohos y las levaduras, un grupo muy  peculiar de pequeños vegetales cuya forma y función nada tiene que ver con los hongos de sombrero.

Varias especies de microbios se valen de estructuras especiales llamadas esporas para sobrevivir largos períodos de tiempo en condiciones ambientales adversas, como la falta de humedad temporaria. Esta situación no favorece el crecimiento normal de los hongos. Sus esporas, en cambio le permiten subsistir y dispersarse hacia lugares más aptos para su crecimiento. Allí, una espora se desarrolla y se convierte en un nuevo ejemplar de hongo.

A diferencia de la mayoría de las plantas, los hongos son vegetales sin clorofila. Por lo general viven en lugares oscuros.  De este modo, no pueden fabricar su alimento utilizando la energía del sol, como las plantas verdes. Para poder vivir necesitan extraer sus nutrientes de otro ser vivo o derivado de él. Por esa forma  de alimentarse se los conoce como saprobios o saprobiontes. Éstos son microorganismos que obtienen su energía de la materia orgánica de los tejidos muertos o en descomposición. Por eso atacan los restos de plantas y los cadáveres de  animales. Es por esa razón que en un tronco de árbol caído en la oscuridad, en un viejo trozo de queso o en el pan rancio se desarrollan distintas especies.

Hay más de cuarenta mil especies de hongos conocidos por la ciencia. Se estima que más del doble de ellas aún no fue descubierta por los micólogos, los especialistas en este grupo tan peculiar de microbios. Los organismos incapaces de elaborar su propia materia orgánica a partir de compuestos inorgánicos simples se denominan heterótrofos. Deben nutrirse de otros seres vivos. Contrastan con los autótrofos, que sí pueden elaborar su propio sustento, utilizando sales inorgánicas y la energía del sol. Es el caso, por ejemplo, de las plantas verdes. Los heterótrofos no sólo pueden ser saprobios. También los hay parásitos. Los saprobios obtienen su alimento a partir de materia orgánica muerta. Los parásitos, en cambio viven en la superficie o en el interior de otro organismo vivo, y se alimentan a expensas de este último. 

Imagen obtenida de http://www.richard-seaman.com/Fungus/USA/DevilsLake2003/IMG_8882.JPG


Medio ambiente
, error por partida doble: de la tautología a una mitad.
La confusión de una secretaria (una historia real)

Texto: Irene Wais de Badgen

A partir de la Conferencia Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo realizada en junio de 1992 en Río de Janeiro, Brasil, más conocida popularmente como ECO’92, pudo registrarse un significativo aumento de la conciencia colectiva de los problemas ambientales. Con esta Cumbre de la Tierra comenzaron a insertarse como noticias en los medios masivos de comunicación, en el seno de la sociedad de fin de siglo pasado.

Así, es frecuente desde entonces escuchar hablar de medio ambiente en todos los ámbitos. Sin embargo, hacer referencia al medio ambiente significa estar haciendo una doble mención de lo mismo. Environment en inglés y en francés significa literalmente medio o ambiente. Uno, u otro.
Por lo tanto, es redundante utilizar ambos términos juntos, y cuando se habla de medio ambiente se comete el mismo pleonasmo que cuando se menciona lapso de tiemposustancia química o, cultura humana. Es decir, aludir dos veces a algo con un sustantivo calificado de un adjetivo.

Por otro lado, si no tuviera el uso corriente que se le da, medio ambiente podría ser interpretado como “la mitad del ambiente”. Sería como decir medio mundo, media mandarina,  es decir ½ de algo… Por lo tanto, hacer referencia a medio ambiente es equivocarse doblemente, ya que por un lado es redundante y por el otro medio -en el sentido de mitad-  es justamente lo opuesto a lo que se quiere aludir con “mitad del ambiente”.   

El error surgió en una Conferencia anterior en Estocolmo, en 1972, donde una secretaria trilingüe que hablaba sueco, francés e inglés pasó, con una máquina de escribir de entonces, un glosario traducido al español contenido en una gacetilla de prensa. Copió del diccionario “Environment = medio, ambiente”. No se sabe si en las sucesivas copias con carbónico la coma se borró o la secretaria, en el apuro, la omitió. Un corresponsal de un diario en Madrid tomó la gacetilla y comenzó a usar medio ambiente, transformando incluso el concepto en el adjetivomedioambiental.  

El vocablo “medio” puede, además, tener otros significados. Uno de ellos es el deherramienta, en el sentido de servir para conseguir un fin.Como medio tiene más acepciones lingüísticas, se aconseja utilizar el vocablo ambiente. Etimológicamente es una palabra compuesta que proviene del latín amb e ire, que significa textualmente ir alrededor o rodear.

Sin embargo Vigil (1994)* puntualiza que hay tantas concepciones posibles de ambiente como situaciones críticas o problemáticas que sucedan, o en su defecto, interlocutores que la definan en cada caso. Si bien esta posición parece práctica, es realmente peligrosa - dice Vigil - por no saber de qué se está hablando realmente. Un ambiente para el ecólogo no es lo mismo que para un psicólogo, ni que para un arquitecto. Es necesario contextualizar el vocablo en el marco de las oraciones en las cuales se emplea para confirmar el sentido en el que se usa. 

*VIGIL, C.A., 1994.- Aproximación a la problemática ambiental. Elementos para su análisis. Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina: 93 pp.

Imagen obtenida de http://www.plattscsd.org/library/library/images/environmental_science.jpg

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No los vemos, donde están?


Texto: Irene Wais de Badgen

Cuando mencionamos una palabra, ésta no siempre abarca únicamente el significado más conocido por todos, el despectivo. A veces, también encierra un sentido diferente y expresa otra idea no sólo menos peyorativa sino también más favorable. Esto es lo que ocurre con el vocablo “microbios”, en plural.

El saber popular los identifica como seres más bien despreciables por su tamaño y por lo que son capaces de originar, como si exclusivamente pudieran causar enfermedades a otros seres vivos. Sin embargo, en realidad, no es siempre así.

Es verdad que algunos microorganismos como los virus, ciertas bacterias,hongos, protozoos y pequeños gusanos provocan daño a animales y plantas. Pero muchos otros de ellos no sólo no representan ningún peligro -aún al ser humano- sino que también los benefician.

En la antigüedad se solía separar a los microorganismos en útiles y no útiles, o en buenos y malos. Pero esta clasificación es incorrecta, ya que de un modo u otro todos participan en el reciclaje de grandes moléculas en la naturaleza.Paso a paso éstas se van transformando en otras más pequeñas y cumplen una tarea fundamental en los ecosistemas.

Ése es su modo de vida y se han adaptado a ella durante millones de años. Por esa razón muchos microbios no sólo son útiles sino también indispensables para la vida. Algunos son nocivos para los animales o plantas pero, en proporción, son muy pocos. La gran mayoría son, en cambio, sumamente beneficiosos.

Los microbios son tan pequeños que se necesita de ayuda externa al ojo humano para poder verlos, ya que éste no distingue objetos menores a quinientos micrones (medio milímetro).

Ese apoyo indispensable lo brindan instrumentos manuales que se pueden utilizar simplemente sobre una mesa, como un microscopio óptico. Pero éstos aumentan como máximo unas mil quinientas veces el tamaño de los pequeños seres que queramos observar.

Si los científicos necesitan ver más grandes aún los pequeños microbios, o una parte ampliada de ellos para estudiarlos mejor, deben ineludiblemente recurrir al microscopio electrónico. Es una herramienta más potente y puede aumentar los objetos de cincuenta mil a más de un millón de veces.

¿Sabías que los microscopios comenzaron fabricándose en forma artesanal combinando diferentes tipos de lentes? Con el tiempo, empezaron a producirse de manera seriada. De este modo muchos laboratorios pudieron tener acceso a ellos. La fabricación masiva de microscopios es el hecho que más le permitió avanzar a la ciencia.

Imagen obtenida de: http://conservationmagazine.org/wordpress/wp-content/uploads/2013/12/microbes.jpg


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